DOMINGA.– No han sido semanas fáciles para ser argentino. No lo es en realidad desde hace dos años y medio, cuando Javier Milei asumió la presidencia. O incluso antes, si se quiere abrir el foco sobre el proceso de degradación nacional que atraviesa el país. Pero en este último mes sucedió algo nuevo: la irradiación de un discurso internacional contra Argentina, que convirtió al país en el gran villano del mundo. Más que cualquier otro y eso que la competencia del mal es particularmente difícil en estos tiempos. Las acusaciones fueron muchas: que Argentina es el país más racista de todos, que los argentinos se creen la última Coca-Cola del desierto, la selección nacional fue beneficiada por Gianni Infantino, Lionel Messi es amigo de Donald Trump, los jugadores son sucios en la cancha, politizan el fútbol por levantar la bandera por la reivindicación de las Malvinas contra el Reino Unido en un estadio, o la victoria del equipo es en realidad la de Israel.

Donald Trump recibió a Lionel Messi en la Casa Blanca en marzo de 2025 | Alex Brandon / AP

Golpes por izquierda, por derecha, al hígado, a la mandíbula, de a muchos y en todos los formatos: en reels, en fotos reales o trucadas, en noticieros, en portadas de periódicos, en boca de influencers, políticos progresistas o conservadores, comentaristas de fútbol, personas anónimas. Una avalancha que formó una gran bola de nieve a escala global, cargada de odio a todo volumen que logró instalar imaginarios contra un solo país. Pasó finalmente lo que suele ocurrir: la frontera entre la realidad virtual y la física se rompió. Aparecieron videos de peleas, golpes, insultos en la calle por llevar puesta la camiseta de la selección argentina, exacerbados por el pico de adrenalina relacionada al mundial. En España, por ejemplo, la Asociación de Migrantes de Argentina Residentes en España, contó 26 denuncias de agresiones, varias de ellas graves. Tanto recibir mensajes que al final se pasa al acto.Y así como de un lado se está convencido de que Argentina es el peor país en el mundo, en Argentina creció la convicción que se construyó una campaña antinacional. Un convencimiento transversal, desde el peronismo, la izquierda, hasta el propio Milei que días atrás denunció a los gobiernos de México, Brasil y al partido Demócrata estadounidense de financiar una conspiración internacional –“las cabezas progresistas que no quieren que las ideas de la libertad funcionen”, dijo el presidente–. La campaña, en el imaginario, habría reunido por igual a imperialistas británicos dolidos por el reclamo de Malvinas, madridistas odiadores de Messi, derechistas antiinmigrantes, hasta wokes parados sobre su banquito de superioridad moral convertidos en jueces de lo bueno y lo malo. Todos contra Argentina.¿Una campaña antiargentina?