La mayoría de los países del mundo estamos atravesando un periodo de transición demográfica en el cual disminuye la población menor de 15 años y aumenta la proporción de personas mayores de 65 años. Está transición en los países del Cono Sur de América Latina se viene registrando desde hace años y ahora se ven con mayor claridad sus efectos. El reconocimiento se acompaña de su análisis y búsqueda de respuestas. Es imprescindible promover y pensar medidas que se adecuen a esta nueva realidad. El cambio afecta a las familias, pero también a la sociedad en su conjunto. A nivel social, el cambio implica reformar el sistema de salud, adecuar las prestaciones médico-asistenciales, la estructura laboral, el sistema previsional y el sistema de cuidados, entre otros. Esto será motivo de otra columna próxima. Hoy quiero centrarme en cómo están y qué experimentan los adolescentes y los jóvenes en el país, cómo es su dinámica familiar y socioambiental, y en qué medida los afecta. La pandemia tuvo un impacto negativo muy grande en la niñez y adolescencia; impacto que al principio no se detectó suficientemente y que, a medida que pasó el tiempo, se empezó a evidenciar más claramente. A esto se sumó la evolución de los cambios, no solo debidos a la post pandemia, sino también por la variación de la situación económica y política del país, lo que sumado a lo anterior agravó la situación y cuyas consecuencias estamos padeciendo. El COVID produjo un cambio brusco de la forma de vida signada por el confinamiento y el aislamiento obligatorio, la suspensión de las actividades educacionales presenciales con la ruptura del vínculo con sus compañeros, docentes y otras personas que funcionan alrededor de las instituciones educativas desde las escuelas hasta la universidad. La vida comunitaria y social de la niñez, adolescencia y juventud se redujo a la convivencia en el hogar, con suspensión de visitas y convivencia incluso con otros familiares como abuelos, tíos, primos u otros.
¿Cuidamos a los adolescentes y jóvenes?
La mayoría de los países del mundo estamos atravesando un periodo de transición demográfica en el cual disminuye la población menor de 15 años y aumenta la proporción de personas mayores de 65 años. Está transición en los países del Cono Sur de América Latina se viene registrando desde hace años y ahora se ven con mayor claridad sus efectos. El reconocimiento se acompaña de su análisis y búsqueda de respuestas. Es imprescindible promover y pensar medidas que se adecuen a esta nueva realidad. El cambio afecta a las familias, pero también a la sociedad en su conjunto. A nivel social, el cambio implica reformar el sistema de salud, adecuar las prestaciones médico-asistenciales, la estructura laboral, el sistema previsional y el sistema de cuidados, entre otros. Esto será motivo de otra columna próxima. Hoy quiero centrarme en cómo están y qué experimentan los adolescentes y los jóvenes en el país, cómo es su dinámica familiar y socioambiental, y en qué medida los afecta. La pandemia tuvo un impacto negativo muy grande en la niñez y adolescencia; impacto que al principio no se detectó suficientemente y que, a medida que pasó el tiempo, se empezó a evidenciar más claramente. A esto se sumó la evolución de los cambios, no solo debidos a la post pandemia, sino también por la variación de la situación económica y política del país, lo que sumado a lo anterior agravó la situación y cuyas consecuencias estamos padeciendo. El COVID produjo un cambio brusco de la forma de vida signada por el confinamiento y el aislamiento obligatorio, la suspensión de las actividades educacionales presenciales con la ruptura del vínculo con sus compañeros, docentes y otras personas que funcionan alrededor de las instituciones educativas desde las escuelas hasta la universidad. La vida comunitaria y social de la niñez, adolescencia y juventud se redujo a la convivencia en el hogar, con suspensión de visitas y convivencia incluso con otros familiares como abuelos, tíos, primos u otros.







