Opinión
Columnas Diarias
Rincón de PetulQue la mayoría se exprese y decida su futuro: eso es lo que se añora para Guatemala.
Las noticias de que en EE.UU. solo 200 mil votantes acudieron a su última elección en el exterior, despertaron señales de alarma. No se ilusione. No hablamos de Guatemala, sino de Perú, donde las autoridades electorales debieron responder por qué el ausentismo había sido tan grande. Para aquella nación sudamericana, la cifra de 200 mil votos recogidos en consulados se lee como corta. Y se entiende al mirar su antecedente inmediato. En 2021, casi un millón de peruanos estaban habilitados para votar afuera de su país y unos 400 mil atendieron a ese llamado. Esto, en unos 220 locales alrededor del mundo. Vi fotos de aquella jornada, en Miami, en Los Ángeles, donde una sola sede convocó a más de 31 mil.
El contraste con el caso guatemalteco es devastador. En los últimos comicios, los de 2023, los guatemaltecos que votaron en EE.UU., fueron 1,443. Para entender las proporciones, redondearemos rústicamente los números: de 4 millones de compatriotas en aquel país, casi 1 millón han tramitado ya su DPI. De esos, una décima parte está empadronada para ejercer el voto en el extranjero, y de esos casi 100 mil, efectivamente llegaron apenas poco más de mil. ¿Se le antoja escuchar la última ironía? El Tribunal Supremo Electoral lo comunicó en términos positivos. Su noticia, aún colgada en la web, se titula “Incrementa la participación de guatemaltecos que se manifestaron con el voto en el extranjero”. La entonces presidenta dijo que “lo importante no estaba en los números”, sino en “lo emotivo” mostrado por cada uno de ellos al votar. Y lo peor es que no fallaba en la matemática: en las elecciones anteriores, Guatemala convocó aún a menos votantes.







