El calor está empezando a modificar los hábitos sociales. Ante la subida de temperaturas, que parece abocarnos a una situación cíclica de olas de calor, muchos empiezan a cambiar sus rutinas como medida de autorregulación, de forma consciente o inconsciente. Salir a las 13 h para hacer la compra o ir a correr a primera hora por la tarde son actividades impensables durante las horas de mayor exposición solar. Sobre todo, en las calles de unas ciudades que, en el mejor de los casos, cuentan con algunos árboles que evitan que el asfalto irradie temperaturas de 40 grados a sus peatones.Poco a poco, el inicio de muchas actividades y rutinas se adelanta –a primera hora de la mañana–, se retrasa –hasta que cae el sol– o, directamente, se deja de hacer porque la gente evita salir a la calle. Las altas temperaturas vacían avenidas, parques y plazas durante una gran parte del día. Por la mañana, los mayores han dejado de reunirse en bancos de avenidas o parques; y por la tarde, los niños ya no juegan en los parques y los corredores (los runners) ya no recorren los paseos con su vestimenta deportiva. Es un toque de queda autoimpuesto que año tras año se alarga a medida que el calor extremo reduce las horas habitables del día.Así lo demuestra un estudio publicado en la revista PNAS Nexus, vinculada a la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, después de recoger datos de movilidad de 13 millones de personas en España. El informe señala que, en los días más calurosos, la movilidad total del país disminuye hasta un 10% y, durante las horas de máxima temperatura, a primera hora de la tarde, llega a ser un 20% menor.Josefa Padilla (78), vecina del Eixample de Barcelona, es una de las muchas vecinas de Barcelona que ha reorganizado su día a día a causa del calor. Hace la compra a las 8 h o 9 h de la mañana como máximo, e intenta compaginarla, siempre que puede, con un baño en la piscina municipal. “La piscina es lo único que nos queda”. “Antes iba con las amigas a comer, pero ahora quedamos por la mañana cuando salimos de la piscina a tomar un café”. Padilla reconoce que tiene la suerte de tener aire acondicionado en casa porque, de lo contrario, “no haría otra cosa que sudar todo el día”.Algunas tardes debe salir a las 16:15 h para recoger a su nieta en el casal d'estiu. Si algún día pueden hacerlo los padres, ella no sale de su casa hasta las 19 h de la tarde. “Cuando la recojo, a veces quiere ir al parque, pero yo no puedo con este calor”. Y resume esta incapacidad con una frase: “Vivimos en una ola de calor permanente”.Parques y plazas, espacios fantasmaPor otro lado, durante años las ciudades han apostado por el diseño de parques y espacios públicos para fomentar la vida al aire libre. Sin embargo, muchos de estos parques infantiles y plazas dejan de ser útiles para los niños en verano.Raquel Alcoceba (47), vecina del barrio de Gràcia de Barcelona, lleva a sus dos hijos, de 4 y 6 años, al casal d'estiu de un colegio de la zona. Esta madre afirma que muchas actividades que antes se hacían en plazas cercanas ahora se han trasladado dentro de los centros educativos. Sin embargo, los niños salen a las 16:30 h, en “la hora de máximo calor”. “Cuando terminan el casal, ya no vamos al parque. En la zona no hay ninguno con toldos o árboles que protejan del sol", añade. Ante esta situación, la familia también utiliza la piscina como refugio climático.Niños de un casal d'estiu paseando por Poblenou, Barcelona. Paula Sama / PropiasA pesar de que las actividades se intentan adaptar a los horarios de calor, Sara Soro, monitora del casal de la escuela Ítaca en el barrio de Les Corts de Barcelona, explica que solo hacen una actividad semanal fuera del colegio, cuando van a la piscina.“Dentro del agua se está bien, pero si estás cambiando a los niños o vigilando fuera, se pasa muy mal”. Van de 10:30 h a 12 h de la mañana, andando, en un trayecto de diez minutos, “siempre con gorras y protección”. Unos horarios que, según Soro, serían difíciles de cambiar, aunque la empresa del casal quisiera hacerlo, porque dependen de la disponibilidad y horarios de la piscina.“Madrugar o esperar a que baje el sol”Alex Krieger (30) procura salir a correr con regularidad por el paseo marítimo de Barcelona. Él también ha optado por adaptar su horario ante las altas temperaturas. “Antes corría sobre las 19 h, pero ahora hay días que no salgo hasta las 21 h de la noche”. Otros prefieren madrugar. “Tengo amigos que van a las 6:30 h o 7 h de la mañana, como muy tarde”, explica.Por otro lado, los vecinos de los barrios marítimos también han adaptado sus horarios de ejercicio por el calor, a pesar de vivir a escasos metros de la playa. Pere Llaurador (67), vecino del barrio de la Barceloneta, recorre normalmente el paseo marítimo hasta Poblenou. “Por las mañanas me baño en el espigón. Durante estos meses siempre procuro salir a las 6 h o 7 h de la mañana”.Muchos de los corredores optan por salir en grupo y recorrer el Passeig Marítim. Àlex Garcia / PropiasEl verano antes era un periodo de liberación y ocio; ahora la gente tiene miedo a insolaciones o golpes de calor”Isabelle AnguelovskiInvestigadora del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental (ICTA-UAB)Isabelle Anguelovski, investigadora del Instituto de Ciencia y Tecnología Ambiental (ICTA-UAB), señala que, paulatinamente, “volveremos a un imaginario de hace cuarenta o cincuenta años”: mediodías encerrados en las viviendas, con las persianas bajadas y a oscuras. “Como nuestros abuelos y abuelas”. Esta investigadora afirma que ya existe una “franja crítica” - de 11 h a 18 h -, durante la cual la población no debería ir al exterior por motivos de salud. Casi una jornada laboral, encerrados y sin poder salir a la vía pública.“El verano antes era un periodo de liberación y ocio; ahora la gente tiene miedo a insolaciones o golpes de calor”. Anguelovski advierte que los niños y las personas mayores son los principales colectivos afectados. “Esta situación puede promover que las personas mayores sufran un mayor aislamiento social y entren en un círculo vicioso de salud mental y física”.Superar una media de 27,8 grados aumenta un 1,5% el sedentarismo a nivel mundialLa Sociedad Española de Rehabilitación y Medicina Física (SERMEF) confirma aquello que se observa en las calles. Durante la última ola de calor, la entidad advirtió de que los episodios de calor extremo están provocando que una parte de la población reduzca o abandone el ejercicio físico.Según el estudio Efectos del cambio climático sobre la inactividad física, publicado en The Lancet Global Health, que recoge datos de 156 países durante el periodo 2020-2022, superar una temperatura media de 27,8 se asocia con un aumento de 1,5 puntos porcentuales del sedentarismo a nivel mundial. Un fenómeno que afecta más en los países de renta baja y media, donde se alcanzan los 1,85 puntos.Los cambios de hábitos pueden llegar a ser un peligro porque individualizan una respuesta que debería ser estructural”Amaranta HerreroProfesora de Sociología Ambiental de la Universidad de Barcelona (UB)Amaranta Herrero, profesora de Sociología Ambiental de la Universidad de Barcelona. Señala que “los cambios de hábitos pueden llegar a ser un peligro porque individualizan una respuesta que debería ser estructural”. Según Herrero, existe una afectación del tejido comunitario. “Ha aumentado la peligrosidad de una práctica tan cotidiana como quedar con tus amigos en la plaza y esto conlleva una reducción de los encuentros sociales que impacta sobre la estructura comunitaria”.Es el caso de Olga González (20), Abril Esberri (23) e Ivet Romero (24), tres amigas que normalmente quedaban después de comer en Castelldefels. “Ahora no salimos hasta las 19 h de la tarde. Antes no se puede estar en la calle”, aseguran. Si no deben trabajar, intentan acudir a la piscina o a la playa por la mañana. Y si se quedan en casa, no se despegan del aire acondicionado. “Lo tengo puesto las 24 horas del día”, asegura Romero. A pesar del calor, hay costumbres a las que no quieren renunciar. Siempre se reúnen en la terraza de un bar para poder fumar. En este caso, la adicción al tabaco gana al calor.Las noches tórridas marcan un punto de inflexión: el calor deja de ser un problema exclusivamente diurnoEn Barcelona, el inicio del verano lo marca, entre otros eventos, el final del Festival Grec. Xavier Marcé, regidor de Cultura i Indústries Creatives de l’Ajuntament de Barcelona, advirtió que tanto los profesionales como el público han notado las consecuencias de las noches sofocantes. “Tendremos que reflexionar sobre el calor”, afirmó.El hecho es que las noches tórridas, el principal causante de muertes por calor en Barcelona, trasladan por la noche el problema que hasta ahora se asociaba al día. Si este escenario se normaliza, ni la noche será sinónimo de temperaturas más suaves, ni trasladar las actividades al horario nocturno será una solución alternativa para escapar del calor.Falta una planificación climática de los espacios públicos”Amaranta HerreroProfesora de Sociología Ambiental de la Universidad de Barcelona (UB)Por el momento, la única solución parece que pasa por la autorregulación de los horarios. “Falta una planificación climática de los espacios públicos”, añade Herrero. Esta socióloga ambiental considera que se deben impulsar “cambios casi revolucionarios a nivel urbanístico”. Es decir, impulsar espacios verdes en todo el espacio público, instalar jardines verticales o garantizar una red de arbolado densa, una de las pocas medidas capaces de reducir varios grados la temperatura en la calle.Además, si las ciudades y los horarios laborales no se reconfiguran, “solo podrán adaptarse unos privilegiados”: aquellos que puedan flexibilizar su jornada o permitirse tener acceso a espacios climatizados o a una piscina.