El presidente Javier Milei anuncia la reforma del BCRAA quince meses de las elecciones nacionales, ya decididamente apostando a pleno por su proyecto reeleccionista, y aún con las elementales reglas electorales en debate, Milei parece haber lanzado tempranamente la campaña del oficialismo.Superado el paréntesis mundialista y el fervor que la performance de la albiceleste generó durante más de 35 días en el seno de la sociedad, la realidad económica cotidiana ha vuelto a imponerse como la principal preocupación de los argentinos y el centro gravitante de la agenda mediática.PUBLICIDADFrente a esta realidad que ya no impacta sólo en el sostenido deterioro de la imagen presidencial y los niveles de aprobación de gestión, sino que horada expectativas y genera un creciente malestar social, el oficialismo da muestras de un intento de recuperar la iniciativa y dominar la agenda y la conversación con una serie de iniciativas de diversa índole.En primer lugar, el Presidente apeló a la cadena nacional para anunciar un paquete de iniciativas legislativas que pretenden proyectar la imagen de un gobierno reformista, rupturista y refundacional en materia económica. Sin embargo, tanto en lo que respecta a la reforma de la Carta Orgánica del Banco Central como al polémico proyecto de “grillete fiscal” (conocido en los Estados Unidos como shutdown), el Presidente parece hablarle más al círculo rojo, los actores económicos, el FMI y el establishment financiero internacional que a los ciudadanos de a pie, ávidos de alguna buena noticia que alivie la cada vez más complicada economía doméstica. PUBLICIDADUn síntoma de que el presidente se aferra a sus particulares dogmas y que sigue y seguirá ensimismado por blindar un modelo económico que, difícilmente, redunde ni durante este año ni el próximo en una reactivación económica significativa que impacte en el consumo, la actividad, la inversión y los salarios. Según el último relevamiento de julio de la consultora Aresco, una de las más consultadas por el Presidente, el 58% de los argentinos señalan como principal dificultad un problema económico, marcando que estas preocupaciones dominan ampliamente la agenda cotidiana. Y, en este sentido, el informe destaca que mientras el 41% identifican como principal preocupación las complicaciones laborales o vinculadas a su actividad económica, la inflación aparece relegada al tercer lugar de las demandas ciudadanas (tras la inseguridad), con el 17%.PUBLICIDADOtra interesante medición, de Giacobbe & Asociados, arroja una percepción tan inquietante como desafiante para el gobierno nacional. Ante la pregunta “¿Cómo sentís que está la economía?“, el 55% de los encuestados opina que está empeorando, el 8,7% que está estancada, y el 19% que si bien está mejorando, no lo está sintiendo en su bolsillo. Previsiblemente, estos datos no sólo coadyuvan al deterioro de la imagen del gobierno, sino que profundizan el malhumor social. En este sentido, el Índice de Optimismo Ciudadano (IOC) elaborado por Poliarquía, registró en este sentido una caída del 9% en julio respecto de junio, acumulando un retroceso del 23% en lo que va de 2026 y alcanzando su nivel más bajo desde febrero de 2024.PUBLICIDADEn otras palabras, mientras las encuestas dan cuenta de que la inflación dejó de ocupar el primer lugar entre las preocupaciones de los argentinos, siendo desplazada por el empleo, el deterioro de los ingresos y la caída de la actividad económica, el oficialismo instala en los medios un proyecto que, si bien le permite en cierta forma recuperar la cada vez más desgastada narrativa anticasta y polarizar con el kirchnerismo y su visión del Banco Central plasmada en la reforma de 2012, se trata de una iniciativa que a todas luces se percibe desacoplada de la realidad cotidiana de millones de argentinos. Por otra parte, esta semana el oficialismo salió también a instalar una serie de consignas más centradas en cruzadas ideológicas que en demandas concretas de la ciudadanía. No solo el presidente se embarcó en una gira regional que busca proyectar la idea de una “ola azul” de derecha en América Latina que sería liderada por el propio Milei, aún a riesgo de convertir la política exterior en una extensión de la campaña y generar roces diplomáticos como el de Brasil, sino que buscó también capitalizar la supuesta “campaña antiargentina” que marcó el tramo final del Mundial y, sobre todo, la final contra España.PUBLICIDADEn este sentido, el controvertido decreto de necesidad y urgencia que modifica la ley de migraciones para habilitar la expulsión de extranjeros que incurran en “manifestaciones de odio” y otras afrentas contra la identidad y los símbolos nacionales, pretende capitalizar la emocionalidad e identificación con la selección que afloró durante el mundial a través de la apelación sin miramientos a un nacionalismo patriotero que nada tiene que ver con las demandas concretas de la ciudadanía.Lógicamente, no se trata de una invención libertaria, sino de una vieja herramienta de las dirigencias tradicionales de las democracias occidentales desde hace más de un siglo, un recurso típico que presupone la identificación de un enemigo difuso al que se apela tanto para buscar recuperar la imagen o recrear el apoyo de un liderazgo desgastado, como para desviar la atención de las complicaciones de la economía u otros asuntos gravitantes.PUBLICIDADAsí las cosas, más allá de la pirotecnia verbal fronteras adentro y afuera o de la revitalización de cierta narrativa anticasta, y aún frente a los gigantescos desafíos de una economía que no arranca, el Presidente encara su reelección aferrado a su modelo basado en la desinflación y la estabilidad macro (financiera y cambiaria). Un plan que, aún en el escenario de fragmentación opositora, estará a priori muy lejos de allanarle el camino a unas elecciones presidenciales cada vez más inciertas.
Milei, entre las necesidades de campaña y la obsesión por el modelo
Tras el fervor mundialista, la economía cotidiana vuelve a ser el principal foco de preocupación y erosiona la imagen presidencial













