¿Quién dijo que en Noruega no se podía ir a la playa? Las islas Lofoten están a la misma latitud que Groenlandia y el norte de Siberia, pero sus fiordos no se congelan en invierno y sus playas tienen arena blanca y agua de un azul turquesa que recuerda más al Caribe que al Ártico. La explicación es la corriente del Golfo, que mueve agua cálida desde el Atlántico hasta esta costa noruega e impide que el clima sea el que le correspondería geográficamente. Esa anomalía climática, por decirlo de alguna manera, es la razón de que todo lo demás sea posible: la biodiversidad marina, los millones de bacalaos que migran cada invierno y una forma de vida construida durante siglos alrededor del mar.

El archipiélago lo forman cuatro islas principales, Austvagoy, Vestvagoy, Flakstadoy y Moskenesoy, unidas por puentes, túneles y una sola carretera, la E10, conocida como la Carretera del Rey Olav V. Con una longitud total de aproximadamente 160 kilómetros y una anchura máxima de 80, Lofoten es un territorio compacto donde las montañas nacen directamente del mar y los pueblos pesqueros se aferran a los pocos metros planos disponibles entre la roca y el agua.

El pueblo de una letra, la escalera nepalí y el campo de fútbol en el mar