En una trayectoria plagada de movimientos zigzagueantes, de idas y vueltas, Brendan Fraser (Indianapolis, 1968) disfruta de uno de sus capítulos más estables y eclécticos.

A los 57 años, un día se permite interpretar a un policía corrupto en una comedia (Hermanos), al día siguiente encarna a un actor estadounidense en Japón que acepta trabajar para una agencia de “familias de alquiler” (Familia en renta) y después narra un documental (Leones marinos de las Galápagos). Y todo lo hace con la solvencia propia de quien finalmente resolvió el rompecabezas de la actuación.

A la estrella de la saga La momia lo que menos le falta es trabajo. Y tampoco le falta apetito. Ahora, en uno de los mayores retos de sus más de tres décadas de carrera, se pone en la piel de Dwight D. Eisenhower en una época anterior a que se convirtiera en el presidente número 34 de Estados Unidos. Un rol intimidante que difícilmente habría llegado a sus manos de no ser por el enorme impulso otorgado por La ballena (2022), la emotiva película por la que ganó el primer Oscar de su trayectoria y que devolvió su nombre en las grandes ligas.

“En mi opinión, actuar es difícil desde cualquier perspectiva”, apunta Fraser a Culto a través de videollamada. Enseguida se apura en agregar: “Para este personaje se requeriría un estudio profundo y una comprensión de la historia de este personaje histórico”.