0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialAdemás del Mundial, de los incendios, de Zapatero y de Ceuta, los medios y las redes llevan días hablando de la Odisea a propósito del filme de Christopher Nolan. Creador de Oppenheimer, Dunkerque o la trilogía sobre Batman (con más de mil millones de recaudación), Nolan llena los cines con argumentos nada simples, narrados con atrevidos cambios temporales. Atiborrado de palomitas y cocacola, el espectador tendería a amodorrarse en la butaca, pero Nolan, tan comercial como exigente, no le deja cerrar los ojos. LVCelebro que el viejo Homero vuelva al escenario, aunque sea gracias al cine. Este agosto me apetece glosar algunos de sus episodios, aunque yo soy más partidario de Virgilio, quien, siendo también un clásico, es muy posterior y, ciertamente, no habría podido escribir la Eneida si no hubieran existido las obras del griego. La comparación entre Eneas y Ulises (nombre latino de Odiseo) la hicieron los romanos, quienes lo consideraban un líder indigno, por tramposo. Para los griegos, en cambio, Odiseo era astuto, ingenioso, el más inteligente de los héroes antiguos.Los romanos consideraban a Ulises un líder indigno, por tramposoOdiseo ideó, como es bien sabido, el gigantesco caballo en el que se escondieron los campeones aqueos después de simular que regresaban a casa con las naves. Lo que no es tan sabido es que en la Ilíada no aparece el final de Troya y, por lo tanto, del episodio del caballo ni se habla; mientras que en la Odisea solo se menciona en dos cortos pasajes. Es Virgilio quien narra en la Eneida la estratagema del caballo, que no habría cuajado sin los convincentes engaños del personaje Sinón, a quien los griegos han abandonado en la playa para que simule ser un traidor escapado de un sacrificio. Mintiendo, Sinón convence a los troyanos de que el gran caballo es una expiación de los griegos para calmar la ira de Palas Atenea. Si el caballo entra en la ciudad, sostiene, los troyanos serán invencibles.Esta no es la única trampa de Odiseo, que engañó a las Sirenas, tomó el pelo al Cíclope y, de regreso a Ítaca, engañó a todo el mundo, incluida Penélope. Solo Argos, el perro leal, supo desde el primer instante que aquel indigente que pedía limosna era el rey de la isla; y que había vuelto, ansioso de venganza, dispuesto a recuperarla matando.