El comentario surgió apenas terminó la reunión protocolar entre José Antonio Kast y la nueva Presidenta de Perú, Keiko Fujimori, en la Torre Tagle de Lima. Integrantes de la delegación chilena comentaban que, a diferencia de otros encuentros bilaterales que ha sostenido el mandatario desde que llegó a La Moneda, con la líder peruana hubo coincidencias evidentes. “Es mucho más parecida a nosotros”, resumían en la comitiva, aludiendo tanto a aspectos de estilo como a afinidades ideológicas.Aunque ambos ya se conocían -Fujimori asistió al cambio de mando presidencial de marzo en Santiago-, el encuentro de esta semana sirvió para estrechar una relación que durante los últimos meses había tenido algunos desencuentros propios de la inestabilidad institucional en Perú. Desde antes de asumir el poder, Kast había convertido la política exterior en una de sus principales vitrinas. Apenas fue proclamado presidente electo comenzó una intensa agenda internacional con un objetivo claro: proyectar la imagen de un mandatario activo incluso antes de instalarse en La Moneda y, al mismo tiempo, construir una red de relaciones con los principales líderes de la región.Esa estrategia tuvo una de sus primeras paradas en Perú, cuando todavía gobernaba José Jerí, en enero pasado. En ese viaje, Kast llevó una de las ideas que más ha impulsado en materia migratoria: la creación de un corredor humanitario hacia Venezuela que facilitara el retorno voluntario de migrantes. El planteamiento también fue conversado con otros mandatarios, entre ellos el ecuatoriano Daniel Noboa, pero en Lima la propuesta no encontró respaldo. Poco tiempo después, Jerí fue removido de su cargo y el escenario político cambió por completo.Con Fujimori, en cambio, el diagnóstico en el gobierno es distinto. En Palacio aseguran que existe mayor disposición para avanzar en mecanismos de cooperación en materias migratorias y de seguridad, dos temas que Kast ha buscado instalar como ejes comunes entre los gobiernos de la región. La nueva administración peruana aparece, en ese sentido, como uno de los socios más cercanos para impulsar esa agenda.En retrospectiva, algunos personeros del Ejecutivo reconocen que el despliegue internacional previo al cambio de mando también tuvo costos. El haber recorrido varios países y sostener reuniones con distintos jefes de Estado generó la percepción de un presidente con una agenda exterior intensa, pero gobernar terminó siendo bastante más absorbente de lo que suponía el período de transición. Con todo, estiman que el balance es positivo: esos viajes le permitieron conocer personalmente a quienes hoy encabezan un continente que ha experimentado un marcado giro hacia gobiernos de centroderecha y derecha, además de presentar tempranamente algunas de sus principales propuestas.El primero de esos gestos fue hacia Argentina. Apenas dos días después de imponerse en la elección presidencial del 14 de diciembre pasado, Kast cruzó la cordillera para reunirse con Javier Milei. Ambos se conocen desde hace años. Esa cercanía se ha mantenido, aunque en Palacio matizan que la relación está lejos de la imagen de alianza irrestricta que muchos proyectaban.Las diferencias pasan, principalmente, por el estilo. Sin ir más lejos, mientras Milei durante los últimos días ha tensionado su relación con Brasil -al punto de que Luiz Inácio “Lula” da Silva llamó a consultas a su embajador en Buenos Aires en medio de la última controversia bilateral-, Kast ha optado por una aproximación distinta. Se ha reunido en dos oportunidades con Lula: primero cuando aún era presidente electo, en el marco de una cita internacional en Panamá, y luego durante la reciente cumbre del Mercosur realizada en Paraguay.En ambos encuentros, según transmiten en el Ejecutivo, existió un diálogo cordial y el propio mandatario brasileño extendió una invitación para que el chileno realice una visita oficial a Brasil, aún considerando la conocida cercanía política de Kast con el entorno del expresidente Jair Bolsonaro y, particularmente, con su hijo Flavio Bolsonaro, quien asoma como una de las principales figuras del sector que enfrentará al oficialismo brasileño en las próximas elecciones presidenciales. En La Moneda, sin embargo, sostienen que una cosa son las afinidades políticas y otra la relación entre gobiernos. Dentro de ese mismo plano, se destaca la relación con el Presidente de Uruguay, Yamandú Orsi.De hecho, esa es precisamente la lógica que aseguran guía la política exterior del mandatario. Aunque el mapa sudamericano muestra hoy una mayoría de gobiernos de derecha o centroderecha, en Palacio descartan que exista un diseño destinado a posicionar a Kast como el líder regional de ese sector. Más bien, explican, el objetivo es que pueda dialogar con todos los gobiernos, independientemente de su signo político. Por lo mismo, si ese estilo le asegura a Kast una posición de liderazgo -señalan- será consecuencia de su gestión y no una meta explícita.En La Moneda destacan que cuando la situación lo amerita, el presidente privilegia el contacto directo con otros mandatarios, ya sea mediante llamadas telefónicas o mensajes personales, sin que ello implique prescindir de los canales institucionales. Por el contrario, recalcan que esas conversaciones se coordinan previamente con Cancillería y buscan facilitar gestiones específicas o destrabar temas puntuales entre ambos gobiernos.Un ejemplo que en Palacio mencionan como ilustración de esa dinámica fue la comunicación directa que mantuvieron el Presidente José Antonio Kast y la presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, tras el terremoto que afectó a ese país a fines de junio. Luego de que Chile enviara ayuda humanitaria, ambos habrían sostenido más de una conversación telefónica, contactos que facilitaron el diálogo político entre ambos gobiernos.En el Ejecutivo recalcan que esas conversaciones fueron un complemento al trabajo encabezado por Cancillería, a propósito del anuncio del pasado jueves de la reanudación de las relaciones consulares.En el análisis respecto a cómo se plantea Kast también la experiencia del gobierno anterior. En Palacio recuerdan que Gabriel Boric intentó proyectarse como una de las principales voces del progresismo latinoamericano. La entonces canciller Antonia Urrejola llegó a señalar públicamente que a veces le preguntaba al mandatario si era consciente del impacto que tenía su liderazgo en el exterior. Sin embargo, esa estrategia también enfrentó episodios complejos, como las declaraciones realizadas durante una visita a China en las que llamó a jóvenes de ese país a mantener una actitud “crítica” frente a las versiones oficiales, comentarios que fueron recibidos con evidente incomodidad por las autoridades chinas.Entre los gobiernos con los que Kast siente mayor cercanía también aparecen Paraguay y Bolivia. Con el paraguayo Santiago Peña la relación se fortaleció durante la visita oficial realizada a fines de junio. Más allá de las reuniones de trabajo, ambos compartieron actividades de carácter más distendido durante el almuerzo ofrecido por el mandatario anfitrión, ocasión en la que incluso se celebró el cumpleaños de la primera dama paraguaya.Algo similar ocurre con el Presidente boliviano, Rodrigo Paz. Si bien hasta ahora los encuentros han tenido lugar principalmente en cumbres internacionales, en el Ejecutivo destacan que ambos comparten un tono semejante y una mirada común sobre distintos desafíos regionales. Esa sintonía explica que ya se trabaje en una futura visita de Kast a Bolivia, un viaje que tendría un fuerte simbolismo, considerando que ambos países no mantienen relaciones diplomáticas plenas desde hace casi medio siglo, aunque sí vínculos consulares.A diferencia de décadas anteriores, afirman, hoy la relación bilateral ya no está dominada exclusivamente por la demanda marítima, sino por materias como seguridad fronteriza, migración, comercio y combate al crimen organizado.Durante su etapa como presidente electo, Kast visitó Argentina, Ecuador, Perú, Panamá -en el marco de una cumbre de la CAF-, El Salvador, República Dominicana, además de realizar una gira por Europa que incluyó Hungría, Roma y Bélgica, así como Estados Unidos. Ya instalado en La Moneda regresó a Argentina, asistió al cambio de mando en Costa Rica, realizó una visita oficial a Paraguay, estuvo en Uruguay y esta semana participó de la investidura presidencial en Perú. La próxima escala será en Cali, Colombia, donde asistirá a la asunción de Abelardo de la Espriella.Aunque ambos aún no se conocen personalmente, sí existieron contactos tras la elección colombiana, cuando Kast felicitó al mandatario electo por su triunfo. Ese viaje, sin embargo, también estará marcado por un asunto pendiente para la diplomacia chilena: el nombramiento del próximo embajador en Bogotá. En el gobierno resolvieron postergar el envío del nombre del exembajador radical Ricardo Navarrete debido a la compleja transición política colombiana y a la incertidumbre respecto de si la administración saliente otorgaría el correspondiente beneplácito. Lo habitual es que el presidente viaje con el embajador ya designado o que este haya asumido previamente, pero en esta oportunidad se optó por esperar a la nueva administración.Fuera de Sudamérica, el gobierno también observa con atención la evolución de sus relaciones con Estados Unidos y China, dos socios inevitables para la política exterior chilena. En septiembre, Kast asistirá a la Asamblea General de Naciones Unidas en Nueva York, instancia en la que coincidirá con Donald Trump. Aunque ambos ya compartieron espacios cuando el chileno era presidente electo, la relación cotidiana entre ambas administraciones ha transitado principalmente por el secretario de Estado, Marco Rubio. El reciente incremento de los aranceles estadounidenses y las posteriores respuestas del embajador Brandon Judd a ministros chilenos que cuestionaron la medida han agregado tensión a una relación que La Moneda busca mantener a raya. Con China el desafío es distinto. En noviembre, Kast deberá viajar a Shenzhen para participar en la cumbre APEC, uno de los principales hitos internacionales del segundo semestre. Ayer, el presidente se reunió con embajador chino en el país, Niu Qingbao. En el Ejecutivo todavía no está resuelto si esa visita derivará también en una visita de Estado, alternativa que permanece en evaluación, pues esa misma gira contempla un paso por Japón.