“La recesión productiva no era parte de un plan de estabilización, sino que era la clave para entender el plan para la nueva matriz económica de la Argentina”, sentenció uno de los empresarios más encumbrados del país. El encargado de idear, diseñar y ejecutar un modelo con características de “irreversible” fue el verdadero Triángulo de Hierro, como denominan en el establishment a la sociedad que mantienen el presidente Javier Milei y sus dos ministros Luis Caputo (Economía) y Federico Sturzenegger (Desregulación y Modernización del Estado). Lejos de los flashes de la negociación política, el tridente económico diagramó las condiciones para responder a los intereses internacionales que esperan una consolidación del modelo para enterrar sus dólares en los negocios argentinos más rentables.
La reforma de la Carta Orgánica del Banco Central que presentó Milei en cadena nacional sirvió, para el grueso de los analistas, como el lanzamiento de la campaña de reelección. Días atrás, en su paso por el Ministerio de Economía, la directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, hizo su aporte a la carrera proselitista cuando elogió el plan económico al destacar el cuestionado descenso de la pobreza. Pero el subtexto de la visita del FMI y del “plan de eternización” de Santiago Bausili en el BCRA “va en línea con el respaldo internacional al desarrollo del modelo económico, como condición necesaria para que las inversiones y el retorno al mercado mundial sean reales”, resumieron desde la oficina de una empresa multinacional con presencia en el país.









