"Es preciso sentir pasión por Fritz Lang", escribió Francois Truffaut en un texto de rendida admiración por el cineasta vienés, al que veneraron los más grandes, desde Buñuel y Welles hasta Goddard y Hitchcock. Pionero del noir y de la ciencia-ficción en el cine, uno de los creadores del lenguaje cinematográfico moderno, máximo exponente del expresionismo alemán en la gran pantalla, Lang es la voz de la fatalidad y el destino, de la culpa y la venganza, del poder y del control, de la alienación y la explotación, la voz del hombre acosado por las circunstancias.Publicidad"Creo que el tema central de mi obra es la lucha que sostiene el individuo contra lo que los griegos y romanos llaman el Destino, y que toma aquí la forma de un poder real, llámese dictadura, ley o sindicato del crimen. Se trata de la voluntad de salvaguardar la individualidad y es importante luchar para conseguir el triunfo", resumió el cineasta sobre su propia obra en unas declaraciones recogidas en el libro Trois lumières (Alfred Eibel, 1988).Que el cine no era solo un arte para contar historias y entretener al público, sino, sobre todo, una herramienta de exploración del ser humano y de sus estructuras de control y poder, fue una máxima en su filmografía –"Yo trabajo para el público. El cine es un arte de masas, si no creyera que las masas pueden juzgar una película correctamente, no tendría derecho a hacer películas"-. Autor imprescindible y de una influencia incontestable en los cineastas que le siguieron, Fritz Lang es un artista único y un hombre, como sus personajes, atrapado por sus circunstancias.Atropellado por el destinoEn 1927 estrenó Metrópolis, una colosal superproducción de ciencia-ficción, obra maestra del cine mudo (de toda la historia del cine, en realidad) y título de referencia del expresionismo en el cine. Ambientada en 2026, mostraba una sociedad en la que los obreros vivían en un gueto subterráneo y trabajaban para mantener los lujos de los ricos. Por entonces, Lang era una de las estrellas de los estudios UFA, los más importantes de Alemania, y se llevó la desagradable sorpresa de saber que su película encantaba a Hitler y a Goebbels. Así, cuando en 1933 éste le ofreció dirigir la industria cinematográfica del país, el cineasta, que era de madre judía, hizo la maleta y huyó del país. El 'destino' le había atropellado. Después de aquello, renegó muchas veces de su película.Publicidad"No me gustaba la película, pensé que era tonta y estúpida. Era un cuento de hadas, claramente. Realmente no me gustaba mucho -dijo- porque era una película en la que los seres humanos no eran sino parte de una máquina". Y, sin embargo, él mismo reconoció que cuando vio a los astronautas, pensó que eran "parte de una máquina" y entonces se preguntó si "¿debería ahora decir que me gusta Metrópolis porque algo que imaginé se hace verdad, cuando la detesté cuando estaba recién hecha?" Si hubiera vivido unos años más, hubiera contemplado cómo se hacían realidad otras de sus predicciones, como el uso malvado de las máquinas, la IA, las ciudades con infinitos rascacielos…De Alemania a HollywoodEn realidad, a Fritz Lang la película que más le gustaba de todas las que hizo, tanto de su etapa alemana como de la americana, era M, el vampiro de Düsseldorf (1931), con la que se inauguró en el cine sonoro. Un asesino de niños perseguido por la policía y por el hampa, un hombre acosado para el que Lang no busca empatía y un debut impresionante de Peter Lorre con lo que el cineasta cerraba una etapa deslumbrante de su cine.Publicidad"En Doctor Mabuse quería mostrar los tiempos inflacionistas de Alemania; en Los Nibelungos, la saga, la leyenda; en Los espías, la historia del crimen en Alemania; en Metrópolis, la juventud alemana en el año 2000; en La mujer en la luna, el hombre alemán del próximo futuro… Después me cansé de las grandes películas. Hice M como reacción a eso. Y después de ese día en adelante he rechazado siempre los llamados filmes monumentales", confesó en una entrevista con Peter Bogdanovich.El testamento del doctor Mabuse (1933) fue el final de su tiempo en Alemania y de su relación con Thea von Harbou, su segunda esposa y coguionista, que prefirió quedarse colaborando con los nazis. Huyó a Francia y de allí a Hollywood, donde comenzó su época americana. Dejó de hablar y leer en alemán, recorrió el país en coche, vivió unos meses con los navajos y aprendió mucho de la vida en EEUU gracias a las tiras cómicas y a los cómics. La oscuridad, las críticas al poder, la corrupción policial, la ferocidad del hampa… marcaron sus películas a partir de entonces.Furia (1936) fue su primer filme americano, en el que contaba el linchamiento a un hombre inocente y la búsqueda de venganza de éste. Le siguieron otros implacables retratos de lo peor de la sociedad y sus instituciones, con títulos como Solo se vive una vez, Más allá de la duda o Los sobornados, reflexiones en torno a la culpa y al delito (La mujer del cuadro, Perversidad), a la inocencia amenazada (Gardenia Azul)… hay muchos más.Firmó thrillers, westerns, ciencia-ficción, cine bélico, incluso cine de aventuras y con todas sus obras certificó lo revolucionario de su cine, su modernidad y su compromiso. Hoy hace 50 años que vivimos sin el cine de Fritz Lang, un gran retratista de pesadillas, audaz explorador de la oscuridad del ser humano y artista irrepetible. "No tuve un modelo a seguir, no tenía a quién parecerme".
"No tuve un modelo a seguir, no tenía a quién parecerme": Fritz Lang, la fuerza del destino
El 2 de agosto se cumplen cincuenta años de la desaparición de Fritz Lang, un cineasta revolucionario y comprometido, voz en el cine del hombre acosado por la fatalidad y por el destino, un artista...







