El fin último de un libertario es hacer justicia por mano propia. Si se reduce el Estado a su mínima expresión, teniendo en cuenta que este no es el fin ya que el propósito final es extinguirlo definitivamente, ¿quién imparte la seguridad y la justicia? Uno mismo. Entonces, ¿cómo no tener un arma?
Breve digresión. Los libertarios anarquistas y los (neo)libertarios, son cosas muy distintas, obviamente. El contexto actual no es el de España de comienzos del siglo XX cuando la causa libertaria se asociaba con Buenaventura Durruti. En nuestros días, al hablar de libertarios se significa a los seguidores de Murray Rothbard, quien capturó el término al esbozar lo que llamó el anarcocapitalismo, un sistema que, como se sabe, propone abolir el Estado de manera radical, delegando en el mercado el suministro de seguridad y justicia. Javier Milei es seguidor de esta doctrina y en su marco teórico está el libertarismo de Rothbard. A uno de sus perros le ha puesto Murray.
La Asociación Nacional del Rifle de Estados Unidos [NRA por sus siglas en inglés] se encuentra hoy más cerca de este presupuesto ideológico que del de sus fundadores, un grupo de veteranos del Ejército de la Unión preocupados por la incapacidad de disparar con precisión que demostraron los soldados en la Guerra Civil. Viajaron al Reino Unido y desde allí trajeron el modelo británico para promover un sistema de tiro competitivo. Nadie pensaba entonces en la Segunda Enmienda de la Constitución que permite a los ciudadanos poseer armas. Las portadas de la revista de la NRA a lo largo de aquellas décadas así lo demuestran.








