Italia ya tiene seleccionador. El presidente de la Federación Italiana de Fútbol (FIGC), Giovanni Malagò, eligió finalmente a Roberto Mancini para el banquillo y a Claudio Ranieri como director técnico, poniendo fin a uno de los episodios más surrealistas que recuerda el fútbol italiano —y ya es decir—. Durante días, la búsqueda del nuevo entrenador copó los titulares con todos los ingredientes de una historia de espías: apuestas, presiones políticas, maniobras de última hora y, como no podía faltar en la Europa de hoy en día, la sombra de Rusia como telón de fondo. Tras el rechazo de Pep Guardiola a hacerse cargo del equipo azzurro, el favorito pasó a ser una figura de alto peso simbólico: Andrea Pirlo, la leyenda del fútbol italiano y campeón del mundo en 2006. Toda la prensa deportiva daba por hecho su nombramiento. Pero, a pocas horas del anuncio, la Agencia de Aduanas y Monopolios bloqueó en Italia los principales dominios de Fonbet, la controvertida casa de apuestas rusa de la que Pirlo era embajador global. El exfubolista aceptó este cargo en octubre de 2025, cuando fungía como entrenador del United FC de los Emiratos. Fonbet existe desde los años noventa y es una colaboradora habitual con las principales organizaciones deportivas de Rusia. Entre los principales accionistas de la compañía figura Serguéi Lomakin, empresario ruso propietario del United FC, lo que explica en gran medida cómo Pirlo terminó vinculado a una marca rusa desde un club emiratí. El candidato a seleccionador intentó restar importancia al vínculo, explicando que aquella colaboración nacía en el marco de su etapa profesional en los Emiratos. El problema es que Pirlo no se limitó a eso. El pasado mes de mayo, viajó a Moscú junto a su excompañero Marco Materazzi para asistir a la final de la Copa de Rusia en el estadio Luzhniki de Moscú, en un evento organizado precisamente por Fonbet, coincidiendo con una jornada de duros bombardeos rusos sobre Kiev. TE PUEDE INTERESAR Las imágenes de esta muestra de respaldo a Rusia en plena guerra contra Ucrania, que en su momento pasaron casi desapercibidas, resurgieron con fuerza en cuanto su nombre entró en la quiniela de la selección. El esquiador ucraniano Vladyslav Heraskevych, sancionado meses antes por el Comité Olímpico Internacional tras un gesto de protesta contra la guerra, fue de los primeros en señalar públicamente la contradicción de ver a una leyenda del fútbol italiano posando junto a futbolistas rusos abiertamente afines al Kremlin. En cuestión de horas, la posible elección de Pirlo pasó de ser un asunto estrictamente deportivo y saltó a la política. Pina Picierno, vicepresidenta del Parlamento Europeo, calificó su candidatura de grave error y llegó a definirla como “el plan Z (símbolo de la invasión rusa de Ucrania) del fútbol italiano”. Carlo Calenda, líder del partido liberal italiano Azione, sostuvo que alguien que hubiera hecho propaganda a favor de Rusia tras la invasión de Ucrania no debía ocupar un cargo de representación nacional. Mauro Berruto, responsable de Deporte del Partido Democrático, pidió por su parte que Pirlo renunciara al patrocinio si finalmente era nombrado, para poner fin a una situación que consideró como “vergonzosa”. El caso también abrió una brecha dentro de la mayoría de gobierno. El presidente del Senado, Ignazio La Russa, de Fratelli d’Italia, indicó que aunque respetaba la elección, fichar a Pirlo como entrenador representaba “un salto al vacío". El diputado de la Liga Andrea de Bertoldi defendió abiertamente lo contrario: que los vínculos comerciales de Pirlo con Moscú, lejos de ser un obstáculo, podían representar una oportunidad para reabrir canales de diálogo económico con Rusia, en un momento de tensión energética creciente. El affaire tuvo además una dimensión regulatoria poco explorada hasta entonces. La asociación de consumidores Codacons anunció que presentaría una denuncia formal ante la Autoridad de las Comunicaciones, alegando que la relación de Pirlo con una marca de apuestas violaba la prohibición vigente en Italia sobre publicidad de juegos de azar, y advirtió que recurriría judicialmente si la Federación seguía adelante con el nombramiento. TE PUEDE INTERESAR El caso también puso de manifiesto el hecho de que Fonbet no cuenta con licencia para operar en Italia, y las autoridades comenzaron a investigar si la actividad promocional de Pirlo como imagen de la marca se había dirigido también al público italiano, lo que podría acarrear consecuencias legales adicionales para el propio futbolista. El punto cúlmen de la polémica llegó desde la propia embajada rusa en Italia. Su titular, Alexey Paramonov, publicó una carta abierta dirigida a Pirlo en el canal de Telegram de la legación, en la que lamentaba que, pese a su aportación al deporte mundial, fuera hoy víctima de un ostracismo impulsado por un establishment “pseudodemocrático”. El diplomático le ofrecía su “sincera y humana solidaridad”, recordando además que la misma suerte había corrido en los últimos años a miles de deportistas, directores de orquesta y artistas rusos vetados en Occidente. Fonbet, por su parte, emitió un comunicado denunciando lo que calificó de mentiras y desinformación propagadas por los medios occidentales. Al final, el mismo Pirlo se pronunció en su cuenta Instagram: “Atribuirle un significado político a esta colaboración significa atribuirme creencias que nunca he expresado y que no son mías”. Y añadió: “Lamento que una decisión deportiva se haya convertido rápidamente en un debate público que acabó atribuyéndome significados e intenciones que no me corresponden”. Fue la traca final que marcó el fin de su candidatura. Más allá del desenlace deportivo, el episodio deja tres lecturas de fondo: la fragilidad de la Federación italiana para blindar sus decisiones frente a la presión política, la persistencia de zonas grises en la regulación del patrocinio deportivo por parte de operadores de apuestas extranjeros y, sobre todo, la evidencia de que, cuatro años después de la invasión de Ucrania, cualquier vínculo comercial con Rusia (por indirecto o meramente comercial que se presente) puede seguir teniendo un coste político inmediato en Europa. Fútbol no sólo es fútbol. Italia ya tiene seleccionador. El presidente de la Federación Italiana de Fútbol (FIGC), Giovanni Malagò, eligió finalmente a Roberto Mancini para el banquillo y a Claudio Ranieri como director técnico, poniendo fin a uno de los episodios más surrealistas que recuerda el fútbol italiano —y ya es decir—. Durante días, la búsqueda del nuevo entrenador copó los titulares con todos los ingredientes de una historia de espías: apuestas, presiones políticas, maniobras de última hora y, como no podía faltar en la Europa de hoy en día, la sombra de Rusia como telón de fondo.
'Camarada' Andrea Pirlo: la sombra rusa que tumbó al favorito para entrenar a la selección italiana
A pocas horas de que fuera anunciado como seleccionador, la Agencia de Aduanas y Monopolios bloqueó en Italia los principales dominios de Fonbet, una controvertida casa de apuestas rusa de la que Pirlo era embajador global












