Nuestro futuro, cada vez más incierto y preocupante.31 de julio, 2026 - 11h30La catástrofe natural ocurrida en Venezuela, hermana nación con la que nos solidarizamos, interpela al mundo sobre cuánto daño puede hacer la naturaleza, que mostrando estar viva, no tiene la conciencia humana del mal que puede provocar a los seres que poblamos su superficie. Sin embargo, reflexiono respecto del poder destructor que tiene el ser humano para, en estado consciente y calculado, destruir lo que él mismo levanta, construye, edifica y crea, causando no solo muertes sino dolor, hambre, orfandad, resentimiento que se vuelve rencor al punto de revancha y desquite. Ningún movimiento telúrico causa tanta destrucción como las guerras entre países hermanos con propósitos expansionistas o de poder, apetencias de recursos naturales para fabricación de armas atómicas o valor monetario, rencillas ideológicas históricas, creencias religiosas opuestas, etc. Cualquiera que fuese la razón confrontativa y mortal es una sinrazón de la lógica humana.Las decenas de miles de muertos y las centenas de edificios colapsados, carreteras desaparecidas y tantos otros servicios públicos inutilizados son pérdidas menores que los mentalizados con maldad, egoísmo, odio, envidia, rencores generados por el ser humano. Los avances tecnológicos como las herramientas de la inteligencia artificial (IA) pueden agilizar o mejorar ostensiblemente nuestros bienes materiales y económicos que nos brindan protección y comodidades, mientras nos restan valores y principios éticos, nos insensibilizan deshumanizándonos al punto de retroevolucionar a la animalidad. Entonces encuentro explicación al hecho de normalizar lo anormal y desnaturalizar lo natural; al por qué el dictador nicaragüense Daniel Ortega elimine para siempre las elecciones en su país “democrático”, o que Estados Unidos sea el árbitro de la paz y la guerra en el planeta Tierra; o que delincuentes prófugos de mi patria se paseen por el mundo, atreviéndose a patrocinar cuervos como candidatos a las elecciones seccionales; o que se siga eligiendo alcaldes acusados por enriquecimiento ilícito y estar ligados a grupos de delincuencia organizada; todo esto sin que se tenga el menor remordimiento.Nuestro futuro, cada vez más incierto y preocupante, hace que como maestro, aunque optimista y visionario, vea nublado el horizonte para nuestros niños y jóvenes si no cambiamos de paradigmas, actuamos con determinación y dejamos de culpar a otros por aquello que no hicimos por indiferencia, no habrá cambios. (O)PublicidadJoffre E. Pástor Carrillo, educador, GuayaquilPublicidad¿Tienes alguna sugerencia de tema, comentario o encontraste un error en esta nota?