La historia de Mariana Soimaru es de esas que no se olvidan. En el pueblo todos la conocen como Andreaa, una profesora particular de inglés que ejerce desde 2008 y que, desde hace diez años, convive con la fibromialgia. A pesar del dolor crónico que la acompaña cada día, hizo de una casa abandonada —entre San Martín de Valdeiglesias y Pelayos de la Presa, antigua propiedad de un matrimonio ya fallecido cuyo heredero sigue sin aparecer— el hogar que compartía con su perra Yuma y con los diecisiete gatos que rescató de una protectora de la zona que acabó cerrando. La primera vez que Andreea vio el fuego, las llamas estaban todavía a cinco kilómetros de distancia. Era solo un coche ardiendo al borde de la carretera, en un vídeo que le había enviado una amiga. Los bomberos ya trabajaban en la zona, pero en aquel momento nadie podía imaginar lo que sucedería después.

Apenas un día antes se había declarado un incendio en Almorox (Toledo), el mismo día en el que se inició el que ya es el mayor incendio de toda la historia de España, en Burgohondo (Ávila) que, según investiga el Seprona de la Guardia Civil, se originó por el uso de maquinaria pesada prohibida en la zona. El viernes 24 de julio, los dos focos activos en la Comunidad de Madrid —Villa del Prado y San Martín de Valdeiglesias— se fusionaron en un único incendio forestal, el de la Sierra Oeste, mientras el fuego de Burgohondo se extendía hacia la comunidad, y hacia Toledo y obligaba a evacuar once municipios más. El Gobierno declaró la emergencia nacional en Madrid, Ávila y Toledo.