José Fernández volvió ayer a su casa en Pelayos de la Presa (Madrid). Pero hasta donde le alcanzaba la vista, sólo veía muebles calcinados, paredes colapsadas y montañas de ceniza. “No tengo dinero, no tengo documentos, no tengo casa”, se lamentaba con resignación este jubilado de 74 años en su finca completamente calcinada.

Desde el martes por la tarde, casi 60.000 personas que habían sido evacuadas o confinadas en los municipios amenazados por los incendios de Madrid y Ávila se dieron de bruces con la realidad. Muchos de ellos encontraron sus casas totalmente calcinadas y sin nada que salvar. Los abrazos y aplausos a los bomberos que informaban de la desescalada de las restricciones se convierten ahora en dolor, lágrimas y resignación.

Luis González en El Tiemblo, Moha Haddad o Concepción García en Navas del Rey han perdido sus casas. Según datos de la Comunidad de Madrid, el fuego en la Sierra Norte ha arrasado en la región 27.000 hectáreas y un centenar de viviendas utilizadas como primera residencia.