Propone trasladar Westminster a un pequeño pueblo de Essex, recuperar el teletexto, obligar a que las máquinas de las salas recreativas dejen ganar alguna vez a los niños y garantizar por ley que los helados 99 Flake vuelvan a costar exactamente 99 peniques. Count Binface (Conde Carabasura), autodenominado "guerrero intergaláctico", nació hace una década como una broma electoral. Hoy no solo representa la mejor sátira de la profunda crisis política que atraviesa el Reino Unido, sino que se ha convertido en la amenaza más incómoda para Nigel Farage. El populista que hasta hace apenas unas semanas dominaba las encuestas nacionales capitalizando el hartazgo ciudadano y el estancamiento económico se ha convertido en víctima de su propia estrategia: el humor. El "enfant terrible" ha perdido el control de la narrativa. En un intento por frenar la investigación sobre sus finanzas, el líder del partido Reform UK renunció a como diputado y quiso convertir la elección parcial de Clacton, municipio donde se disputa su reelección, en un plebiscito contra el establishment. Pero lo que pretendía ser una jugada maestra ha acabado transformándose en la campaña más surrealista que recuerda Westminster, con un guionista de la BBC disfrazado de cubo de basura como gran protagonista. "El objetivo nunca es ridiculizar la democracia, sino el mal gobierno", apunta el nuevo superhéroe. Según un sondeo de Ipsos, el 33% de los británicos preferiría que Count Binface ganara la elección, frente al 21% que desearía una victoria de Farage. Un 32% asegura que no quiere que gane ninguno de los dos y un 13% no sabe o no contesta. Binface (cuyo verdadero nombre es Jonathan Harvey) se presenta como líder de los Recyclons del planeta Sigma IX para los comicios parciales que tendrán lugar el próximo 13 de agosto. Su candidatura hunde sus raíces en una larga tradición británica. Antes de que en 1985 se endurecieran las normas sobre los depósitos electorales —obligando a los candidatos a desembolsar una cantidad considerable para concurrir—, las elecciones parciales y las circunscripciones más mediáticas solían atraer a candidatos extravagantes cuya principal ambición era satirizar el sistema político. TE PUEDE INTERESAR Basta recordar la elección general de 1983 en Finchley, el feudo de Margaret Thatcher. Allí concurrieron Screaming Lord Sutch, fundador del Monster Raving Loony Party y precursor de Binface, que obtuvo 235 votos; el Belgrano Blood-Hunger Party, que consiguió 13 votos; un candidato disfrazado de Batman por el partido Law and Order in Gotham City logró 37 votos, o el actor David Webb, que defendía un programa a favor de la pornografía, con 28 votos. Los Monty Python llegaron a caricaturizar este fenómeno en 1972 con el inolvidable candidato Tarquin Fin-tim-lin-bin-whin-bim-lim-bus-stop-F'tang-F'tang-Olé-Biscuitbarrel, del ficticio Silly Party. La peculiaridad ahora con Binface es que la realidad es más rocambolesca que la ficción. Los británicos acaban de presenciar el séptimo traslado del primer ministro británico a Downing Street en diez años, Andy Burnham, exalcalde de Gran Manchester, un hombre que no ha sido elegido en unas elecciones generales, como tampoco lo fueron en su día Theresa May, Boris Johnson, Liz Truss o Rishi Sunak. Mientras ahora se intenta estrechar vínculos con la UE (firmar un divorcio para luego volver a querer estar con tu ex), la gente ya ha perdido la cuenta del baile de inquilinos en el Número 10. TE PUEDE INTERESAR El populismo sacaba hasta ahora crédito de lo absurdo y el hartazgo electoral. Pero hasta el propio Farage ha acabado siendo fagocitado por el esperpento que tanto criticaba dimitiendo de su escaño tan solo para volver a presentar su candidatura en unas elecciones parciales en las que ahora compite con un cubo de basura. La primera aparición pública del humorista Jonathan Harvey —licenciado en Filología Clásica por la Universidad de Oxford— con un disfraz estrafalario llegó durante la campaña del referéndum del Brexit en 2016. Compartía escenario con otros iconos de la protesta europeísta, como Steve Bray, inseparable de su sombrero de copa, la activista EU Supergirl o la economista Victoria Bateman, que defendía la permanencia en la UE manifestándose desnuda. Su salto a la primera línea política, en cualquier caso, llegó un año después, cuando desafió a Theresa May bajo el nombre de Lord Buckethead, un personaje inspirado en el villano de la película de ciencia ficción Hyperspace (1984). El éxito mediático de aquella campaña provocó la reacción del creador del filme, el estadounidense Todd Durham, que reclamó los derechos del personaje. Harvey respondió reinventándose. Así nació Count Binface. TE PUEDE INTERESAR Desde entonces ha convertido cada cita electoral en un ejercicio de sátira política. Ha competido contra Boris Johnson, Rishi Sunak y en dos ocasiones contra el alcalde de Londres, Sadiq Khan, sin recuperar nunca el depósito electoral de 500 libras, pero consolidando una creciente notoriedad. Su fórmula apenas ha cambiado: mezclar propuestas deliberadamente absurdas con críticas muy reconocibles al funcionamiento de la política británica. "El cubo es la broma. La papeleta, no", apunta. "Hay que sacar una sonrisa, pero también invitar al votante a reflexionar", añade. Entre sus promesas figuran recuperar Ceefax, el antiguo servicio de teletexto de la BBC; limitar el precio de los cruasanes a una libra; o cambiar de sitio el secador de manos del baño de caballeros del pub Crown and Treaty, en Uxbridge. Su última campaña, bajo el lema "Make Makerfield Great Again", coincidió con la elección parcial diseñada para facilitar el regreso de Andy Burnham a Westminster y precipitar la salida de Keir Starmer de Downing Street. Harvey apareció incluso sobre el escenario junto al futuro primer ministro durante el anuncio de los resultados. Su programa incluía propuestas como limitar el precio de los kebabs a dos libras o "bajar tus impuestos y subir los de todos los demás". Apenas obtuvo 95 votos, pero volvió a monopolizar la conversación en las redes sociales. TE PUEDE INTERESAR Ahora vuelve a ser el candidato más mediático. El resto de grandes partidos ha decidido no presentar candidatura al considerar que la elección parcial de Clacton responde únicamente al intento de Farage de blindarse políticamente. El vacío ha sido ocupado por una colección de aspirantes tan excéntricos como el propio Binface: desde Piers Corbyn, hermano del exlíder laborista Jeremy Corbyn y conocido por sus teorías conspirativas, hasta Mr. Fishfinger, un candidato disfrazado de barrita de pescado rebozada. La paradoja, según sostienen los politólogos Ben Worthy y Laura Richards-Gray, de la Universidad de Birkbeck, es que Farage ha terminado convertido en su propia víctima. En un análisis publicado por el think tank UK in a Changing Europe, recurren a la teoría del politólogo estadounidense E. E. Schattschneider, quien defendía que el éxito político depende en gran medida de controlar el conflicto: decidir quién participa, de qué trata realmente la disputa y bajo qué reglas se libra la batalla. Farage provocó la elección parcial de Clacton, convencido de que podría dominar el relato. Esperaba enfrentar al "pueblo" contra el establishment, obligar a los grandes partidos a medirse con él en las urnas y dejar en un segundo plano la investigación sobre sus finanzas para que fueran los propios votantes quienes dictaran su veredicto. TE PUEDE INTERESAR Pero su cálculo ha fracasado. El escenario que había diseñado para escenificar un duelo contra el sistema ha terminado en una ridícula batalla contra un cómico con un cubo de basura en la cabeza. Al mismo tiempo, la campaña ha dejado de girar en torno a la inmigración o al rechazo de la clase dominante para centrarse cada vez más en las sospechas sobre la financiación del líder de Reform. "Ha perdido precisamente aquello que mejor sabía hacer: el control del conflicto", concluyen Worthy y Richards-Gray. Los dos académicos advierten además de que Clacton forma parte de una batalla mucho más trascendental: el intento de Reform UK por sustituir al Partido Conservador como principal fuerza de la derecha británica. Sin embargo, las últimas elecciones parciales y las encuestas sugieren que el ascenso del partido podría estar perdiendo impulso. Al concentrar toda la atención en Clacton, Farage corre el riesgo de descuidar el objetivo estratégico realmente importante: consolidar a Reform como una alternativa de gobierno. Ese diagnóstico coincide con el de Mujtaba Rahman, director para Europa de Eurasia Group y analista de Politico, quien considera que la maniobra de Farage amenaza con convertirse en un auténtico "gol en propia puerta". Aunque nadie duda de que conservará un escaño considerado uno de los más seguros de Reform UK, la campaña ha adquirido una carga simbólica incómoda para un líder cuya principal fortaleza siempre había sido marcar los términos del debate. TE PUEDE INTERESAR Rahman apunta que Reform continúa encabezando muchas encuestas nacionales, pero su ventaja se ha reducido en los últimos meses, mientras aumenta la preocupación por las tensiones internas y por la competencia de fuerzas situadas aún más a la derecha, como Restore Britain. A ello se suma un riesgo inmediato: si Farage regresa a Westminster, se reactivará la investigación parlamentaria sobre la presunta declaración irregular de donaciones. Si esa pesquisa desembocara en una suspensión, Clacton podría verse obligada a celebrar una nueva elección parcial, esta vez con todos los grandes partidos en liza. Las encuestas reflejan además que el caso está empezando a erosionar su imagen. Según YouGov, alrededor del 60% de los británicos considera que Farage actuó de forma impropia en relación con las donaciones recibidas. "Para aspirar al poder necesita elevar su apoyo nacional hasta una horquilla situada entre el 30% y el 40%, convenciendo a votantes moderados de centro-derecha que siguen desconfiando de Farage. Sin embargo, en las últimas semanas el partido se ha visto obligado a adoptar una posición defensiva, concentrándose más en conservar su base actual que en atraer nuevos apoyos", apunta el experto. En política, perder el control del conflicto suele ser el primer paso para perder también el control del relato. Farage pierde terreno y ahora es Count Binface quien se beneficia del esperpéntico escenario político.