“Yo sirvo hasta pa’ remedio”. La frase es de Estiwar Muñoz, nacido hace 36 años en Medellín y criado toda la vida en el nordeste antioqueño. Sus palabras lo definen muy bien y explican por qué se siente un digno representante de la pujanza paisa, un concepto con casi tres siglos de historia. Estiwar sale todos los días de su casa a transportar turistas en motorrodillo, un vehículo artesanal impulsado por una moto sobre los rieles abandonados del Ferrocarril de Antioquia. “A nosotros los paisas si nos toca inventarnos cosas para ganarnos la vida, lo hacemos. Tenemos esa berraquera para trabajar sin pereza ni egoísmo. Lo que tenemos es energía para salir adelante”, aseguró Estiwar, quien vive con su esposa y tres hijos en El Limón, una vereda del municipio de Cisneros.Su oficio, producto de la recursividad y de las enseñanzas de su papá Javier, no lo deja mentir. Cuando el tren dejó de pasar en los noventas, en Cisneros se rehusaron a olvidar la ferrovía. Lo que hicieron muchos fue aprovechar los rieles, el túnel de La Quiebra inaugurado en 1929, las exuberantes cascadas de la zona y la arquitectura antigua del entorno para atraer turistas. Faltaba algo más. Entonces, armados de ingenio, construyeron un tablón con rodachines por debajo, y sillas y techo arriba, logrando una estructura que pegaron a una moto para revivir el recorrido de las vaporinas y las locomotoras a diésel por la zona. Ya no hay maquinista ni fogonero. Solo un guía como Estiwar que maneja la moto mientras cuenta historias sobre el túnel de 3,7 kilómetros que domesticó la agreste geografía.“Desde muy pequeños nos inculcan el amor por lo que hemos tenido. Yo no fui la excepción. Con decirle que mi abuelo fue jubilado del ferrocarril y mi abuela aún recibe su pensión”, recordó. “Al ver el abandono de los trenes hace unos años lo que hicimos fue inventarnos otra especie de transporte que nos diera la posibilidad de lucrarnos honradamente. Para nosotros esta zona es una mina de oro. Es solo saber aprovecharla”.