Ana Vicedo MadridActualizado Jueves,
julio
22:32La crisis que vive hoy el Estadio de Vallecas (cerrado por la Comunidad de Madrid por su estado precario) no es m�s que el �ltimo cap�tulo de una larga historia. Porque ese c�sped, que hasta hace apenas unos d�as deb�a acoger el inicio de la temporada, guarda mucho m�s que goles. No se sabe cu�ndo volver� a abrir sus puertas, pero este escenario, acostumbrado a los c�nticos de los rayistas, tambi�n tiene historias que han permanecido en silencio. Hasta hoy.La m�s trascendente es que, antes de convertirse en la casa del Rayo Vallecano, fue un campo de concentraci�n franquista por el que pasaron m�s de 20.000 prisioneros republicanos cuando acab� la Guerra Civil. Durante aproximadamente ocho d�as de abril de 1939, el hambre y el fr�o convirtieron el recinto en un "infierno". As� lo describen los testimonios que, hoy, aficionados e investigadores recopilan en un libro cuya publicaci�n est� prevista para comienzos de 2027.M�s de 85 a�os de olvido sin registros, como si nunca hubiera pasado nada. "Muri� mucha gente durante la noche y los prisioneros se despertaban con muertos al lado. Pero tambi�n nos han contado que mor�an de pie. Estaban sin fuerzas, tan enfermos que de repente ve�as a un preso desplomarse. El campo no estaba preparado. Era un recinto al aire libre", relata Juan Jim�nez Mancha, bibliotecario y, aunque no de sangre, vallecano de sentimiento. �l, junto un grupo de aficionados, recopila estos d�as los recuerdos de los familiares de aquellos presos que sufrieron la represi�n en el lugar que hasta ahora acog�a partidos de f�tbol."Han colaborado ya cerca de 40 familias. Hay hijos, nietos e incluso varias generaciones de una misma familia que nos est�n ayudando a reconstruir una historia de la que apenas qued� documentaci�n", explica a este peri�dico Jim�nez Mancha. Aunque por Vallecas ya hab�an rodado balones antes de convertirse en aquel infierno, el Rayo Vallecano todav�a no jugaba aqu�. El primer equipo que disput� sus partidos en el Estadio de Vallecas fue el Racing de Madrid en 1930. El Rayo comenz� a jugar all� en 1952, 13 a�os despu�s de que aquel lugar hubiera sido escenario de la barbarie.Vallecas no fue el �nico El de Vallecas tampoco fue un caso aislado. Tras el final de la Guerra Civil, el r�gimen franquista convirti� varios recintos deportivos en campos de concentraci�n provisionales para retener a miles de soldados republicanos. En Madrid ocurri� tambi�n en los antiguos estadios de Chamart�n y Metropolitano. Seg�n explica Juan Jim�nez Mancha, la capital lleg� a albergar una veintena de campos de concentraci�n.En Vallecas, aquellos recuerdos segu�an, siguen y seguir�n presentes, sobre todo entre los descendientes de quienes vieron a sus familiares estremecerse al recordar los ocho d�as que all� pasaron. Muchos de aquellos antiguos prisioneros, por amor a su equipo, regresaron a�os despu�s al mismo lugar donde un d�a estuvieron encerrados. Lo hicieron de una forma muy distinta, s�, pero sin poder dejar atr�s todo lo vivido."Ten�an una relaci�n muy especial con el estadio", explica Jim�nez Mancha. La entrada principal al fondo sur, en sus primeros a�os como campo del Rayo, estaba situada en la calle Payaso Fof�. Era la misma puerta por la que a�os antes hab�an accedido los prisioneros. "Hubo una persona que nos cont� que su padre, preso en el campo de concentraci�n y despu�s socio del Rayo, jam�s quiso entrar por esa puerta cuando iba al f�tbol. Hac�a todo lo posible por acceder por otro lado, pero esa puerta para �l no exist�a", recuerda Jim�nez Mancha.El caso de Ana y de su padre fue distinto. Mancha recuerda este relato, situado en el contexto de las primeras elecciones democr�ticas de Espa�a tras la dictadura. Felipe Gonz�lez iba a dar un mitin en el Estadio de Vallecas y Ana, hija de uno de los presos que pas� por el campo de concentraci�n, propuso a su padre acudir al acto. �l se neg� rotundamente a volver a aquel lugar. Es otra de las historias que refuerzan la idea de que, aunque todo aquello ya hubiera acabado, quienes estuvieron all� cargaron con aquellos recuerdos durante toda su vida.Grada del Estadio de VallecasE.M.Esa etapa de la transici�n coincidi�, por cierto, con el primer ascenso a Primera Divisi�n de la historia del Rayo. Fue en la temporada 1976-77. La coincidencia tampoco deja de ser simb�lica. Mientras Espa�a comenzaba una nueva vida, el barrio celebraba el mayor �xito deportivo de su historia (por aquel entonces lo era) donde algunos de los que hab�an pasado por el campo de concentraci�n regresaban por un motivo bien diferente.Para algunos, animar su equipo signific� reconciliarse con un lugar que les hab�a marcado para siempre. Para otros, nunca fue posible. El estadio cambi� tras su remodelaci�n en los a�os 70, pero no consigui� borrar la memoria. De eso, de que no se olvide nunca, se han encargado familiares y gente como Jim�nez Mancha, quien defiende, citando palabras de los afectados, que "la memoria es m�s fuerte que el cemento".Ahora, el Estadio vive una nueva crisis, diferente, muy diferente, pero tambi�n marcada por la incertidumbre. Los rayistas no saben cu�ndo volver�n a casa. Mientras tanto, un grupo de aficionados que no solo siente el Rayo como f�tbol, sino como una forma de vida, se encargar� de que ni las obras ni las pol�micas borren lo que un d�a pas� aqu�, una historia que fue mucho m�s que goles.














