Cuando Matthew Myerscough pasea por la playa, no puede evitar buscar fósiles. “Creo que mi radar está siempre activo; aunque no esté mirando, a veces me cuesta no fijarme en ciertas cosas”, afirma este ingeniero civil de 40 años, que ha descubierto miles de fósiles en las playas británicas.

Fue precisamente mientras “no estaba buscando” en la playa de Lavernock, cerca de Penarth, en el sur de Gales, cuando se topó con el hueso fosilizado de un tipo primitivo de plesiosaurio, un reptil marino que vagaba por los océanos mientras los dinosaurios merodeaban por la tierra durante el Jurásico temprano.

Encasillada en un lecho de roca caliza dura, la mandíbula de 201 millones de años de antigüedad —con su inusual extremo en forma de cuchara— perteneció en su día a “un dragón marino”, conocido como romaleosaurio, el primer ejemplar de su especie hallado en Gales.

“Fue un descubrimiento increíble; un hallazgo realmente emocionante, por pura casualidad”, insiste Myerscough. Al principio, pasó de largo junto al fósil con otros dos compañeros, también 'cazadores de fósiles', pero luego decidió volver para observarlo más de cerca: “Había tantos sitios por los que podríamos haber paseado aquel día. Cuando pienso en el artículo de investigación que se está elaborando en estos momentos sobre ese fósil y en todo lo que aprenderemos, todo lo que se comprenderá gracias a su hallazgo… nada de eso habría sido posible si hubiéramos estado tres pasos más a la izquierda”.