Que el Consejo de Ministros sea un paso intermedio para otra cosa es revelador de la falta de ambición económica del Gobierno de coalición

Yolanda Díaz ha sido propuesta por el Gobierno para la Organización Internacional del Trabajo. Algunos sospechan que pueda ser un premio por la docilidad de Sumar ante los escándalos del PSOE, más aún, tras la condena al exministro José Luis Ábalos. Podemos seguramente cree que es un regalo por haberles diluido como socio del Ejecutivo, aunque el partido morado ya iba de capa caída cuando Sumar llegó a la Moncloa. El problema, sin embargo, tal vez sea otro: la lógica de los ministros-trampolín ha empezado a volverse perversa, y no solo en el caso de la vicepresidenta Díaz.

Desde el principio de la legislatura ha habido una serie de ministros que han aspirado a cargos fuera de España, quién sabe si porque ya tenían pretensiones internacionales o porque les han surgido sobre la marcha. Desde Nadia Calviño postulándose al Banco Europeo de Inversiones, pasando por Teresa Ribera para comisaria europea, hasta Luis Planas para la FAO. Hay gente que, de buena fe, piensa que ello es una muestra inequívoca del prestigio de nuestro país, que así se hizo siempre, también, en otros Estados. Seamos honestos: mucho de ese público quizás no consideraba lo mismo cuando Luis de Guindos fue propuesto como vicepresidente del Banco Central Europeo. Su gestión discurrió mientras España atravesaba la mayor crisis conocida hasta la fecha, con la austeridad como bandera. Asistimos, pues, a una vara meramente ideológica sobre si es legítimo, o no, acceder a un puesto dorado.