Durante años, muchas personas imaginaron a Corea del Norte como un país detenido en el tiempo con uniformes militares, edificios grises, desfiles interminables y una economía aislada del resto del mundo. La imagen es parcialmente correcta, aunque mientras el planeta observaba los misiles y los ensayos nucleares, el régimen norcoreano construyó otra industria mucho más rentable, silenciosa y difícil de bloquear. Se trata del robo digital, convertido en política de Estado.

Las cifras del último período despejan cualquier duda sobre la escala del fenómeno. Chainalysis, una empresa de análisis de datos blockchain, atribuyó $1.340 millones de dólares a grupos vinculados al régimen norcoreano durante 2024, repartidos en 47 incidentes. Eso significó el 61% del total mundial sustraído en criptomonedas ese año. Y la cifra trepó a $2.020 millones durante 2025. Así, Elliptic, una consultora de inteligencia blockchain, estimó más de $6.000 millones acumulados desde 2017. Por su parte, el Tesoro estadounidense informó más de 3.000 millones robados en tres años y el comité multilateral de sanciones de Naciones Unidas calculó $2.800 millones en operaciones malignas norcoreanas durante los últimos dos años.