Miles de asientos ocupados en el Estadio Azteca y nadie le daba un vistazo a la cancha. No era desánimo de la afición, era el día en que la UNAM aplicaba hasta 15 mil exámenes de ingreso al bachillerato.Desde 1969 hasta finales de los años 80, el Coloso de Santa Úrsula fue el escenario donde miles de jóvenes buscaban un lugar en la Máxima Casa de Estudios, cuando fungió como sede para las pruebas de ingreso.No salía el sol y ya se divisaban las filas de adolescentes esperando turno. Los contingentes de madres rodeando al estadio. Todos habían madrugado y le daban la cara al clima nublado de agosto.En semanas previas se debía hacer otra fila en alguna dirección de avenida del Imán, en el sur de la capital, para la entrega de papeles requeridos por la UNAM.Foto: ARCHIVO EL UNIVERSALLa brecha generacional entre ellos y los jóvenes que hoy hacen exámenes en línea no puede ser mayor: el nervioso silencio entre los aspirantes, la mirada vigilante de los aplicadores y la paciente espera de los familiares eran toda una experiencia.Nada de “se me olvidó un papel”, porque la cita en Tlalpan a primera hora no daba un minuto para regresarse. Ni hablar de la comodidad, porque la regla era sentarse en el concreto frío y en las manos sólo se permitía la tabla para recargarse, misma que repartían a los examinados los organizadores, así como un lápiz 2B o B y una goma. El examen podía durar más de cuatro horas. [Publicidad]Aunque se habla también de la antes carrera técnica en Enfermería y algunas licenciaturas, el Azteca desafió con más frecuencia a aquellos que tenían en la mira a la Escuela Nacional Preparatoria (ENP) y al Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH).“En una gigantesca aula está convertido el Estadio Azteca”, describió el reportero de