La herencia de Beatriz Sarlo se convirtió en un intrincado thriller judicial que parece escrito por la propia pluma de la intelectual. A más de un año de su fallecimiento, el expediente que tramita en el Juzgado Civil n° 60 es un desfile interminable de familiares lejanos, reclamos cruzados y papeles escritos a mano. Lo que en un principio asomaba como un conflicto insólito entre su exmarido y el encargado del edificio al que le encomendó cuidar a su gata, hoy es una batalla campal con decenas de protagonistas que pelean por un botín millonario que incluye dólares, propiedades porteñas y el codiciado pago semestral de sus derechos de autor. El último capítulo de esta historia sin fin se escribió a mediados de julio, cuando dos nuevos actores entraron en escena. Gustavo Daniel y Jorge Daniel Sarlo Sabajanes, hijos del fallecido primo de la ensayista, se presentaron formalmente ante el juez Fernando Cesari. Reclaman para sí la “hijuela”, la porción exacta de la herencia que le habría tocado a su padre, Álvaro Edmundo, quien murió en mayo pasado soñando con acceder a los bienes de la autora de Una modernidad periférica.
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