Después de tres años de guerra, las clases de natación volvieron a Gaza. Son cientos las niñas y niños que aprenden a flotar, a nadar estilo perrito y a dar las primeras brazadas en cinco piscinas creadas con escombros y sacos de arena en la costa de la Franja.

Durante unas horas, las clases permiten a los pequeños que viven atemorizados por los continuos ataques israelíes recuperar su infancia, en un lugar donde no hay parques infantiles ni educación formal y donde –según una encuesta de la ONU de marzo– un 96% de los niños siente que la muerte es algo inminente.

“La natación me da la oportunidad de escapar de la guerra y de las preocupaciones con las que vivo”, dice Alma Shabat, de 13 años, cuya madre murió en mayo por un ataque israelí contra Gaza.

Después de tres semanas de clases, lo que más le gusta es el estilo libre, hizo nuevos amigos y ya no le dan miedo las olas ni el mar abierto. “Venir a la playa es una experiencia preciosa y agradable”, afirma.

Amjed Tantesh fundó la primera academia de natación de Gaza hace más de dos décadas. Para las clases de este verano, decenas de voluntarios lo ayudaron a construir varias piscinas en las playas del centro de la Franja, instalando lonas para generar algo de sombra bajo el intenso sol del Mediterráneo.