Después de tres años de guerra, las clases de natación han vuelto a Gaza. Son cientos las niñas y niños que aprenden a flotar, a nadar estilo perrito y a dar las primeras brazadas en cinco piscinas creadas con escombros y sacos de arena en la costa de la Franja.
Durante unas horas, las clases permiten a los pequeños que viven atemorizados por los continuos ataques israelíes recuperar su infancia, en un lugar donde no hay parques infantiles ni educación formal y donde –según una encuesta de la ONU de marzo– un 96% de los niños siente que la muerte es algo inminente.






