Las estadísticas dicen que el mundo es un lugar más seguro que hace cincuenta años, pero la tendencia en las sociedades más prósperas es hiperproteger a los hijos hasta edades más allá de lo razonable. Eso provoca la paradoja de que, estando más preparados que nunca a nivel académico, estén más desprotegidos que nunca para enfrentarse a cualquier riesgo. Para la pedagoga Katia Hueso, la capacidad de lidiar con los riesgos es clave para conseguir la autonomía y la responsabilidad. En su último libro, Arriesgar es lo natural (Plataforma), reivindica “una pedagogía del riesgo”: enseñar a nuestros hijos a cuidarse y protegerse solos. Prepararlos para cuando no estemos.Hay una aversión al riesgo que no es saludable, porque nos limita muchas posibilidades; hay un lado bueno del riesgo que vale la pena explorarKatia HuesoPedagogaEl riesgo forma parte de nuestras vidas, pero cuando tienes hijos, su gestión adquiere mayor dimensiónGetty Images/Image Source¿Por qué se interesa por el aprendizaje del riesgo?Porque el riesgo forma parte de nuestras vidas, pero cuando tienes hijos, su gestión adquiere mayor dimensión. Está ahí, siempre, en todas las decisiones. Y te das cuenta de que, en general, en la sociedad hay una aversión al riesgo que creo que no es saludable, porque nos limita, cercena muchas posibilidades. Pero si ves su aspecto positivo, puedes empezar a gestionarlo. Hay un lado bueno del riesgo, en el que me centro en este libro.Distingue entre riesgo y peligro: ¿qué diferencias hay?El peligro es algo objetivo, suele surgir de una decisión poco informada, mientras que el riesgo es un paso previo: la bifurcación antes de escoger el camino. Si no se gestiona bien, puede acabar mal, pero si se gestiona bien, acaba en beneficio.Lee también¿Qué tipo de beneficio?Suelo poner el ejemplo de viajar: cuando les pregunto a la gente si les gusta, la mayoría dicen que sí aunque, objetivamente, al ir por ahí fuera te puede pasar de todo: tener un accidente, ponerte enfermo, perder el avión, te pueden robar, etc. Pero, aún así viajamos. ¿Por qué? Porque obtenemos un beneficio: ves otras cosas, otras culturas, paisajes… Viajar es un riesgo, pero compensa.Escribe que «incluso hay riesgo en no hacer nada». ¿Es así?El no permitir el riesgo es un peligro a largo plazo. Porque si no permitimos a nuestros hijos una exposición gradual al riesgo, lo que hacemos es no darles herramientas para gestionarlo, para que puedan ser autónomos. Fíjate lo que digo: no sé si se le puede llamar vida a una vida sin afrontar riesgos.Veo el riesgo como un arco que va desde la zona de confort hasta la de pánico. Entre ambas, hay una zona de aprendizaje...Katia HuesoPedagoga¿Cuál es el punto de partida para gestionar bien el riesgo?El conocimiento. Ese conjunto de saberes, capacidades y experiencias que hacen que puedas transformar un riesgo en un beneficio. El peligro ocurre cuando tomamos una decisión a tontas y a locas; cuando no tenemos la suficiente preparación, información y formación.Como explica en el libro, el ser humano tiene algunas habilidades “de serie” para manejar el riesgo. ¿Cuál es la fundamental?Una de las más obvias es la intuición, que hace que, por ejemplo, un niño pequeño, sin haber sido instruido todavía en ciertas cuestiones, tenga cierta prevención ante una altura o ante un bicho con una pinta un poco extraña. Que sea precavido ante lo desconocido, en general. Sin embargo, hay riesgos que no están metidos en nuestro ADN y pueden derivar fácilmente en peligro: los coches, esos dos agujeros intrigantes que son el enchufe en la pared… Por ello, es importante educar a nuestros hijos en el riesgo.¿Y cómo se empieza?La llave está en saber medir y dosificar el riesgo, para que no se nos vaya de las manos. Hay riesgos, como subir a un árbol o ir en bicicleta, que puedes enseñar a afrontar de forma paulatina: “Te permito que pruebes un poquito, que te adiestres poco a poco…”. Mientras que hay otros, como meter los dedos en un enchufe, que son o blanco o negro: ¡No vamos a probar a meter el tenedor en el enchufe a ver qué pasa! Hay que limitarlos de entrada.Veo el riesgo como un continuum, como un arco que va desde la zona de confort hasta la de pánico. Entre ambas, hay un espacio que puede ser más ancho o estrecho dependiendo de la persona y del riesgo que se trate. Es una zona de aprendizaje: voy a intentar un poquito más allá, voy a nadar hasta esa boya o voy a subir a ese árbol. Se trata de ir avanzando en pequeñas dosis. Aunque, por supuesto, hay cosas que que son imposibles, a las que no vas a llegar nunca. Ni debes, además.Hoy se utilizan aparatos para controlar a los hijos. ¿La tecnología está matando la pedagogía del riesgo?No soy muy partidaria de todos estos sistemas de control para saber dónde está y dónde deja de estar nuestro hijo. Porque, aunque puede dar tranquilidad, a cambio, lo que estás transmitiendo es algo muy serio: es una falta de confianza, no solo en la vida en general, sino en tu hijo. Tanto control les está cercenando un poco la posibilidad de resolver sus propios problemas. Esto lo digo con toda cautela, porque hay situaciones en las que puede estar bien usar un sistema de este tipo, pero, en general, estamos transmitiendo es falta confianza y eso te hace sentir aún más inseguro.No soy muy partidaria de los sistemas de control para saber dónde está nuestro hijo. Estás transmitiendo falta de confianza en la vida y en tu hijoKatia HuesoPedagogaTikTok aplica un nuevo control parental para restringir el acceso a determinados contenidosEl mensaje del libro es que para tener una vida feliz tienes que aprender a afrontar riesgos. Pero, ¿cómo explicar a los padres, cada vez más sobreprotectores, que un cierto riesgo en la vida de sus hijos es fundamental?Nuestros hijos son lo más preciado y con ellos somos muy cautelosos, lógicamente. A mi me gusta hablar de ir gestionando el riesgo poco a poco: ir dando parcelitas de confianza a los niños y ver cómo responden. Sin olvidar que esto es una relación: el otro tiene que sentir que tú confías, que le vas a dar un ambiente de seguridad, de afecto, a la situación que está teniendo lugar. Como esa madre que está en la piscina y no puede soltar a su hijo porque tiene miedo a que se ahogue. Pues vámonos a la parte menos honda, te pongo un flotador, te suelto un poquito, estoy aquí cerca… Poco a poco. O a lo mejor no te mando solo a comprar el pan, pero te dejo que me enseñes tú el camino, en lugar de enseñártelo yo.Insiste en que no hay que esperar mucho a empezar a dar estos espacios de aprendizaje del riesgo. ¿Por qué?Cuanto más se tarde en hacer ese ejercicio, peor, porque llegamos a un momento en que tenemos un adolescente que tiene capacidades de un adulto —de movimiento, de fuerza, de agilidad—, pero el cerebro todavía sin terminar de madurar. Entonces, la toma de decisiones es peligrosa, porque no tiene esa intuición bien fabricada ni esa toma de decisiones bien calibrada.¿La adolescencia es la etapa más vulnerable al riesgo?Depende de cómo la persona lo haya vivido en su infancia: si hemos criado a un niño entre algodones, no le hemos dejado tomar decisiones y no le hemos dejado equivocarse y de repente llega la adolescencia y le mandas un año a Irlanda, pues ahí pueden pasar cosas, porque no le has dado herramientas para gestionar el riesgo. Pero si desde pequeño le vas dando parcelitas de control, le mandas a hacer un recado, le dejas que vayas solo al parque a jugar con unos amigos, que monte una cabaña a riesgo de que le caiga una madera encima, por ejemplo… Estos pequeños riesgos construyen un armazón de toma de decisiones, de autonomía, de gestión y de hasta dónde puedo llegar en cualquier cosa.¿El juego libre en la infancia es fundamental para la gestión del riesgo?Es absolutamente necesario. Si yo juego con libertad, juego hasta donde yo quiero. Tengo esa potestad de determinar con quién, a qué, con qué normas y con qué cosas lo hago. Entonces, si hay algo que no me va, porque está fuera de mi zona de confort, porque no me siento seguro, lo dejo de hacer. En el juego más estructurado, a lo mejor no tienes esa libertad de decir: «No quiero seguir jugando», pero si el juego es libre, tú decides: «Hasta aquí he llegado». Si todo eso lo aprendes desde bien pequeño, de adolescente o de adulto pones límites con toda tranquilidad, porque lo has hecho toda tu vida.Hay niños a los que no les dejan ir a comprar el pan a los doce años, pero les dan un móvil. ¿Hay más riesgos en internet que en la vida real?No sé si hay más o menos, pero existen y el problema es que no se ven. Para eso también hay sistemas de control, pero tampoco creo que sean muy eficaces. Es mejor educar en el buen uso del móvil. Aprender a manejarlo como si fuera una herramienta; como aprendemos a manejar un martillo o una navaja: si no sabemos, nos damos un buen golpe o nos podemos cortar, pues con el móvil, igual.