¿Cuánto tiempo necesita una película para encontrar a su público? La pregunta vuelve a sobrevolar la industria cinematográfica después de que varios estudios de Hollywood hayan decidido recuperar ventanas mínimas de exhibición en salas. Tras la pandemia, los grandes estudios redujeron drásticamente los plazos de exclusividad para favorecer sus propias plataformas de streaming, con estrenos que llegaban al mercado doméstico apenas semanas después del paso por los cines. La crisis sanitaria aceleró un cambio que ya se estaba produciendo: los estudios empezaron a acortar los periodos de protección en salas para impulsar sus servicios digitales, modificando los hábitos de consumo y abriendo el debate sobre si esas ventanas demasiado cortas acababan perjudicando al propio cine.Ahora, parte de la industria estadounidense empieza a corregir ese rumbo ante el temor de que una llegada demasiado rápida al mercado doméstico anime a una parte del público a esperar al estreno en casa. Universal garantizará 45 días de exclusividad antes del salto al streaming. Paramount ha anunciado una estrategia similar. Y hasta Netflix ha optado por conceder 49 días de recorrido en cines a Narnia: el sobrino del mago, la nueva adaptación dirigida por Greta Gerwig.En España no existe una ventana de exhibición fijada oficialmente por ley ni un movimiento comparable al estadounidense, aunque la cuestión forma parte de las conversaciones sobre la regulación del sector. A diferencia de otros mercados, los plazos se establecen habitualmente mediante acuerdos entre productores, distribuidores, exhibidores y plataformas. La Federación de Cines de España (FECE) reclama una ventana obligatoria cercana a los 100 días, mientras algunas asociaciones de productores defienden plazos más flexibles.El giro de Hollywood plantea así una serie de preguntas: ¿qué opina la industria española sobre la relación entre las salas y las plataformas? ¿Son suficientes 45 días? ¿Debería existir algún tipo de regulación?Marquesina de la entrada a los cines Verdi de BarcelonaÀlex Garcia / PropiasSin consenso sobre la duración de la exclusividadLas respuestas de los profesionales consultados por este diario coinciden en una idea: las salas siguen siendo una pieza esencial del ecosistema cinematográfico, aunque no existe el mismo consenso sobre cuál debería ser la duración ideal de esa exclusividad.Para Adolfo Blanco, fundador de A Contracorriente Films, productora y distribuidora cinematográfica, también ligada a la exhibición, la discusión sobre las ventanas no es nueva. “Es un tema que viene de décadas atrás, desde la época del vídeo y los videoclubs”, recuerda.Durante años, explica Blanco, la industria ha buscado el equilibrio entre las distintas fases de explotación de una película: primero las salas, después el mercado doméstico y finalmente la televisión y las plataformas. La llegada del streaming alteró ese modelo y aceleró la reducción de los tiempos entre ventanas.Blanco considera que la exclusividad en salas continúa teniendo sentido porque condiciona directamente el comportamiento del espectador. “Es bueno que el público tenga la confianza de que la película que se le propone no va a estar al día siguiente en televisión. Nadie paga una entrada por algo que sabe que podrá ver inmediatamente en casa”.Desde el ámbito de las plataformas, Juan Carlos Tous, CEO de Filmin, comparte la necesidad de mantener una ventana cinematográfica, aunque apuesta por un modelo más flexible. “Tiene que existir un periodo de exclusividad de una película en cine, pero estos periodos deberían ser flexibles y estar de acuerdo con el potencial de cada película”, explica.A su juicio, no se trata de imponer un único calendario para todos los títulos, sino de favorecer un diálogo entre las distintas partes implicadas. “Tiene que existir una conversación entre productora, distribuidora y exhibidora para encontrar lo mejor para la película”, señala.Espectadores haciendo cola para entrar a las salas de cineÀlex Garcia / PropiasUna opinión similar mantiene Toni Espinosa, director de los Cines Girona de Barcelona, para quien las salas aportan algo que ninguna plataforma ha conseguido replicar: prestigio cultural.“Las películas se prestigian como obras, los directores como autores y los actores también. Todo eso lo aporta el estreno en salas”, afirma. “Me cuesta pensar en títulos estrenados exclusivamente en plataformas que hayan quedado en la memoria cinéfila colectiva”.Para Espinosa, el estreno cinematográfico no es únicamente una cuestión económica, sino también cultural. El paso por las salas genera una conversación alrededor de una película, la sitúa en festivales, críticas y debates, y contribuye a construir su identidad ante el público.La reflexión aparece también en las palabras del productor Edmon Roch. A su juicio, el recorrido cinematográfico no solo beneficia a los exhibidores, sino también a las propias plataformas.“Las películas construyen su marca en los cines. Allí es donde tienen la experiencia que las hace memorables y donde consolidan su recorrido ante el público”, explica.Para Roch, proteger esa primera etapa no significa perjudicar al streaming, sino todo lo contrario: una película que llega a una plataforma después de haber tenido una vida cinematográfica puede hacerlo con mayor reconocimiento y valor añadido.¿45 días o una ventana más larga?Aunque existe acuerdo sobre la necesidad de proteger la exhibición en salas, la cuestión cambia cuando se pregunta por la duración de esa protección.En Estados Unidos, los 45 días se están convirtiendo en una referencia para algunos grandes estudios. En España, sin embargo, los plazos acostumbran a ser más amplios, aunque no existe una norma oficial que los determine.Roch recuerda que las películas destinadas a salas suelen llegar a las plataformas de pago alrededor de cuatro meses después de su estreno.“Yo soy más partidario de los cien días que de los 45”, explica. “Los 45 días pueden funcionar para determinados modelos de alquiler premium, pero una película necesita una vida propia en los cines antes de iniciar su siguiente recorrido”.Blanco, por su parte, cree que el debate no debería plantearse únicamente en términos de días. “Cada película debería llevar su propia ventana”, sostiene.En su opinión, no tiene sentido que una producción que desaparece rápidamente de la cartelera tenga que esperar meses para llegar a otros formatos, mientras que otra que sigue funcionando en salas vea limitado artificialmente su recorrido.“Una ventana de 112 días puede quedarse corta si una película sigue funcionando en los cines, mientras que para otra que ha desaparecido rápidamente puede resultar demasiado larga”, explica.Su propuesta pasa por contar la ventana desde el momento en que la película abandona realmente los cines, y no desde la fecha de estreno.El problema va más allá de las ventanasSin embargo, conforme avanza la conversación con los profesionales del sector, emerge otra preocupación: quizá el principal problema del cine español no sea solo la duración de las ventanas, sino la dificultad creciente para que determinadas películas encuentren espacio suficiente en las carteleras.Tanto Roch como Espinosa apuntan a la concentración de pantallas en manos de unos pocos grandes estrenos.“Muchas veces hablamos de las ventanas y no de cómo proteger las películas independientes frente a las grandes franquicias”, señala Roch.La consecuencia es que numerosas producciones desaparecen antes de haber tenido la oportunidad de encontrar a su público. Una película puede disponer de una ventana amplia, pero si apenas cuenta con pantallas donde exhibirse, difícilmente podrá desarrollar su recorrido.Espinosa coincide. “Luego vemos las estadísticas y descubrimos que la mitad de la taquilla se concentra en cinco películas. Pero también hay que mirar cuántas pantallas ocupan esas cinco películas”.El problema afecta especialmente al cine europeo, independiente y de autor, cuyo crecimiento depende más del boca a oreja que de grandes campañas publicitarias. “Hay películas que necesitan tiempo”, resume.Para los exhibidores, el modelo actual dificulta que títulos pequeños puedan crecer de manera progresiva. Frente a un sistema en el que antes algunas películas podían permanecer semanas o meses en cartel y encontrar su público poco a poco, ahora muchas desaparecen rápidamente si no obtienen resultados inmediatos.Lee tambiénPese a los desafíos, ninguno de los profesionales consultados comparte las profecías que anunciaban el fin de las salas tras la pandemia.Espinosa asegura que los Cines Girona han recuperado e incluso superado las cifras previas a 2020 y destaca la aparición de un público más joven y exigente. Roch también observa una recuperación gradual de espectadores, aunque admite que probablemente no se alcanzarán los niveles anteriores al auge de las plataformas.La conclusión que emerge del sector es que salas y streaming no tienen por qué ser modelos enfrentados. Las plataformas necesitan películas con valor cultural y las películas necesitan espacios donde construir su relación con el público.Las ventanas de exhibición son, en definitiva, una cuestión de equilibrio. Pero productores, exhibidores y plataformas coinciden en que, por ahora, ese viaje continúa empezando en las salas de cine.
El streaming aún necesita a los cines
Hollywood recupera la ventana mínima de 45 días exclusivos en pantalla grande y abre el debate sobre el futuro de la relación entre salas y plataformas







