Suecia figura entre los países con mayor desarrollo humano del mundo. No sorprende que Gotemburgo haya acogido recientemente ARCH26, un congreso internacional sobre arquitectura, salud y cuidados. El encuentro partió de una idea cada vez más difícil de discutir: los espacios que habitamos influyen en nuestra salud.

La arquitectura es poderosa. Lo muestra la evidencia científica y cualquiera que haya buscado intimidad o intentado cuidar en un espacio poco pensado para ello. Las unidades neonatales son un ejemplo claro. Durante buena parte del siglo XX se creía que los bebés prematuros debían permanecer aislados, separados de sus familias tras un ventanal. Hoy sabemos que todo bebé necesita el contacto con su familia. Por eso los hospitales empiezan a incorporar habitaciones individuales donde las familias pueden estar y cuidar.