Sábado en un festival. La cola del baño de mujeres es interminable, decenas de personas esperan mientras, a pocos metros, los hombres entran y salen sin apenas demora. La escena se repite en conciertos, centros comerciales, estaciones, teatros y otros grandes eventos. ¿Por qué se produce esto? Laura Cambra, arquitecta e investigadora de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid, señala que la problemática surge por las decisiones de diseño, que "han ignorado durante décadas" cómo usan este espacio "quienes menstruan, quienes necesitan sentarse siempre, quien va con un bebé, con una persona o con alguien que necesita apoyo para entrar".PublicidadHistóricamente los espacios se han diseñado tomando como referencia un usuario estándar masculino lo que, la arquitecta denomina como "micromachismo de diseño", al no reflejar la diversidad real de la población. "Las mujeres empezamos a diseñar e investigar estas cosas mucho después de que lo hicieran los hombres. Cada uno lo hace desde sus propias necesidades y es difícil saber qué precisa otra persona si no conoces esas necesidades", apunta.En la actualidad, un hombre tarda una media de 116,7 segundos en utilizar el aseo, mientras que una mujer necesita alrededor de 172 segundos. Unos datos que se disparan cuando hay congestión, en esos casos las mujeres pasan, de media, entre un 22% y un 47% más de tiempo que los hombres, según el estudio El papel higiénico: Observaciones sobre el tiempo de permanencia en el baño, publicado en la Revista de Ingeniería de la Construcción."Si pudiéramos contabilizar las horas que hemos pasado en colas de baños en toda nuestra vida, ¿cuántos días de nuestras vidas hemos perdido ahí? La falta de equidad en el diseño de los aseos es un problema de desigualdad real", denuncia una usuaria anónima.Cambra explica que las mujeres tardan más en los aseos porque tienen la menstruación o, en muchos casos, son quienes se encargan de ir con los niños. "Los cuidados aún se siguen repartiendo así en muchos casos y, en el caso de ir con un bebé, los cambiadores -en caso de haberlos- suelen estar en los aseos femeninos. Tener más tiempo dedicado a ese uso del aseo es lo que provoca esas colas", explica Cambra. Además, la investigadora señala que en muchas ocasiones las mujeres también tienen que acudir al aseo para amamantar o extraerse leche porque no hay espacios adecuados para ello.PublicidadEl proyecto ciudadano Derecho al Aseo, impulsado por Cambra, plantea abandonar ese modelo y avanzar hacia criterios más equitativos. Esto implicaría, por ejemplo, aumentar el número de inodoros destinados a mujeres para compensar el mayor tiempo de uso. "Si estás en un teatro y hay un descanso y se destinan los mismos metros cuadrados para hombres y para mujeres, en el aseo de hombres caben más urinarios. Por lo tanto, puede atender a más personas que la misma superficie destinada solo para mujeres", señala.En España, el Real Decreto 2816/1982 establece el ratio de inodoros que debe haber según los espectadores. Para los hombres, establece que haya dos inodoros y cuatro urinarios, en total seis puestos. Esa misma cantidad es la que fija para las mujeres con seis inodoros. "El reglamento se queda antiguo, es una normativa de los años 80. Esos números deben ampliarse en el caso de las mujeres para responder a datos reales y actuales", señala.Países como Japón o Malasia ya han modificado sus estándares para exigir una proporción de dos inodoros femeninos por cada uno masculino. En Estados Unidos, una veintena de estados han aprobado leyes conocidas como Potty Parity, orientadas a garantizar una distribución más equitativa de los aseos públicos.Publicidad"Algunas no lo asumimos como inevitable y lo decimos desde hace rato. Perder tiempo de conciertos, películas o del teatro mientras que otros usuarios no lo hacen y pagan lo mismo es ser tratadas como consumidoras de segunda", apunta una usuaria anónima.Otra de las problemáticas que denuncia el movimiento es la falta de espacio en los aseos. Un factor que afecta tanto a quien acompaña a un menor, una persona mayor, dependiente o con diversidad funcional, y descubre que no hay espacio para ayudarla, como quien viaja con una maleta y no cabe en el cubículo. Asimismo, denuncian la ausencia de aseos públicos en las ciudades. "Hay una falta notable de baños públicos, accesibles y visibles porque existe muy poca información sobre ellos. Si vas con niños pequeños, sabes que en cualquier momento pueden necesitar un aseo, lo que daría tranquilidad es poder conocer los puntos a los que puedes acceder sin tener que comprar algo o sin que te echen por no ser clienta", explica la investigadora.Introducir los cambios en los festivalesDesde Derecho al Aseo buscan trasladar este debate a los grandes eventos como festivales, ya que consideran que son los lugares donde más fácil resulta introducir cambios. "En un edificio ya construido las modificaciones pueden requerir obras importantes, pero en un evento temporal basta con replantear la distribución de los aseos portátiles", explica Cambra.Por ello, la iniciativa ha lanzado una petición ciudadana -mediante recogida de firmas- dirigida al Mad Cool Festival, que se celebrará en Madrid entre el 8 y el 11 de julio. La propuesta reclama que la organización mejore la dotación de aseos y planifique estos espacios en función de los flujos reales de usuarios, ya que poder ir al baño tranquilamente es un derecho y también forma parte de la propia experiencia del evento. "Nos dirigimos al Mad Cool porque es un festival reconocido y creemos que podría ser referente y liderar este cambio para darle visibilidad y conseguir que se extienda a otros eventos", sostiene.La arquitecta propone medidas como incrementar el número de baños femeninos, instalar lavabos dentro de las cabinas, incorporar cambiadores accesibles para cualquier cuidador o adaptar espacios para niños y niñas.Así, piden al Mad Cool que, antes de su próxima edición, publique un compromiso para avanzar hacia baños diseñados de forma que ninguna persona tenga que asumir esperas desproporcionadas. Además, solicitan información básica sobre la frecuencia de limpieza, distribución, número y tipos de baños disponibles. El objetivo es, que de cara a próximas ediciones, el festival contemple la diversidad de usos y no organice los baños únicamente por categorías genéricas. "Sus instalaciones deben permitir el uso sentado, de pie, con ruedas y con acompañamiento, y contar con superficies adecuadas para la higiene de bebés o personas con diversidad funcional. Cuando miles de personas repiten la misma escena cada verano en tantos festivales, deja de ser una anécdota. Es un patrón. Y los patrones, si se estudian, tienen solución", remarcan desde Derecho al Aseo.