Las diferencias quedaron en la puerta del Salón Oval. En un esfuerzo por mostrarse unidos ante los ojos de todo Medio Oriente, Donald Trump y Benjamin Netanyahu se vieron las caras por primera vez desde que la guerra regional escaló a fines de febrero. Más allá de los chispazos recientes, la cumbre tuvo un tema claro y urgente para ambos: evitar a toda costa que Irán consiga armamento nuclear. El encuentro duró casi una hora y media, a puertas cerradas y sin acceso para la prensa. A la mesa se sentó la primera línea del esquema de poder estadounidense, incluyendo al vicepresidente JD Vance, el secretario de Estado Marco Rubio y el jefe del Pentágono, Pete Hegseth. Desde la Casa Blanca, la vocera Karoline Leavitt definió la charla como "positiva y productiva", una fórmula clásica para intentar dar por superada la tensión de los últimos tiempos.
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Del lado israelí, la necesidad de transmitir éxito era todavía mayor. Apenas salió de la reunión, Netanyahu subió un video a sus redes donde aseguró que fue "una de las mejores conversaciones" de apoyo mutuo que tuvo con el republicano. Para analistas como Yonatan Freeman, de la Universidad Hebrea de Jerusalén, la foto de la reunión buscó enviar un mensaje directo hacia Teherán y el Líbano: demostrar que la sintonía entre Washington y Tel Aviv sigue intacta. Sin embargo, esta aparente buena relación tiene un pasado reciente bastante accidentado. El vínculo había tocado fondo en abril, cuando los desacuerdos por un posible alto al fuego llevaron a Trump a tildar al premier de "tipo muy difícil". Ese mismo roce se notó poco antes de la cumbre de este martes, cuando el estadounidense le marcó la cancha a su aliado por criticar la venta de aviones a Turquía. "Nadie me dice qué debemos vender y qué no", disparó el magnate, aunque luego reconoció que en el tema iraní están "bastante cerca". El calendario electoral también pesa fuerte en ambos lados y apura los tiempos políticos. Netanyahu se juega su continuidad en las urnas el 27 de octubre, todavía golpeado por los cuestionamientos internos a las fallas de seguridad del ataque de 2023. Apenas unos días después, Trump enfrentará unas duras elecciones legislativas donde la inflación (empujada por los bloqueos petroleros en el estrecho de Ormuz) asoma como su gran amenaza. Pese a las urgencias de Israel, Trump dejó claro que él es quien marca el pulso. Cuando en la cadena Fox News le preguntaron por supuestas instalaciones nucleares iraníes ocultas en la montaña Kolang, el mandatario le bajó el tono a las alarmas de su socio. "No necesito que Bibi me diga eso; me lo dice porque quiere que siga implicado", retrucó, para luego lanzar una advertencia con su estilo frontal: "Sé exactamente lo que pasa ahí. Si no llegamos a un acuerdo, la destruiremos muy fácilmente". El pedido de Zohran Mamdani a Donald Trump que podría desatar un conflicto internacional con Israel Un guiño para Gaza y el plan de posguerra Mientras los discursos apuntaban a Teherán, la crisis en la Franja de Gaza también ocupó un lugar central en la agenda. Para no llegar con las manos vacías a Washington, el gobierno israelí preparó una jugada política de último momento que funciona como un guiño a los planes estadounidenses. Según supo la agencia AFP a partir de fuentes políticas israelíes, el gabinete de seguridad de Netanyahu aprobó el marco legal para permitir que una Fuerza Internacional de Estabilización (ISF) desembarque en el territorio palestino. Esta concesión encaja a la perfección con el "Consejo de Paz" que viene impulsando Trump para reorganizar la región una vez que termine la guerra. Con esa jugada sobre la mesa, la Casa Blanca busca bajar un poco la espuma. Aunque sigue con los tapones de punta contra el plan nuclear de Irán, Washington intenta darle otra chance a la diplomacia. La idea de fondo es separar los tantos: evitar que la pelea atómica quede pegada al fuego cruzado que Israel todavía mantiene con Hezbollah en el Líbano. TC/MSS











