España logró reducir el abandono educativo temprano hasta el 12,8%, la cifra más baja de la serie histórica, gracias al crecimiento de la Formación Profesional, la ampliación de las becas y los programas de refuerzo educativo.Aun así, el fracaso escolar continúa afectando a uno de cada ocho jóvenes de entre 18 y 24 años, que dejan de estudiar sin completar la segunda etapa de secundaria y sin seguir ningún itinerario formativo. Aunque la tendencia mejora año tras año, el país sigue situándose por encima de la media de la Unión Europea en este indicador."Yo quería trabajar"Las razones que llevan a abandonar los estudios son muy diversas. Según la Encuesta de Población Activa, cuatro de cada diez jóvenes que interrumpieron una formación aseguran que el programa no respondía a sus intereses o necesidades, mientras que otros optan por incorporarse cuanto antes al mercado laboral para aprender un oficio directamente en la empresa o en el negocio familiar. Es el caso de Diego Martí, un albañil valenciano que decidió dejar el instituto con apenas 15 años para empezar a trabajar en la construcción: “Yo quería trabajar. Dejé de ir a clase y empecé a trabajar”, empezaba diciendo en una entrevista en el canal Sector Oficios.Su salida del sistema educativo provocó incluso la intervención de los servicios sociales, ya que todavía no había cumplido la edad mínima para abandonar la enseñanza obligatoria. “Le dije que volvería al instituto, pero que iba a hacer que me expulsaran para poder seguir trabajando. Y eso hice”, explicó.Lejos de recibir un trato de favor por trabajar junto a su familia, asegura que sus primeros días en la obra fueron especialmente duros. Diego empezó desde abajo, como peón, realizando trabajos físicos en casetas de motores de riego en la zona de Tavernes y Xeraco, en Valencia. “Empecé con pasta y bloque. La primera semana me apretaron tanto que estuve otra semana sin poder ni atarme los zapatos”, afirmó.Con el paso del tiempo fue dejando atrás las tareas más básicas hasta convertirse en oficial y asumir la coordinación de obras. Actualmente continúa en la empresa familiar y ya se encarga de gestionar algunas reformas. "Hace tiempo que las obras, entre comillas, las llevo yo. Me dejan en una casa y tengo que gestionarlo todo: hablar con electricistas, fontaneros y organizar el trabajo”, comentó. En este sentido, su trayectoria ilustra la progresión habitual en el oficio, donde la experiencia y la capacidad para resolver problemas pesan tanto como la formación inicial.La falta de relevo en la construcciónDiego considera que uno de los principales problemas del sector es la dificultad para encontrar jóvenes interesados en aprender el oficio. Para él, gran parte del aprendizaje consiste en observar cómo trabajan los oficiales y enfrentarse a problemas que no aparecen en los manuales. “Ahora ves a chavales que, cuando han terminado de limpiar, en vez de fijarse en lo que hace el oficial sacan el móvil. Si quieres aprender, mirando también se aprende”, detalló sobre la situación.La experiencia, sostiene, permite solucionar los problemas que aparecen durante una obra y adaptar el trabajo a situaciones que no siempre tienen una respuesta ideal. Y agrega: “El mejor albañil no es el que lo deja todo perfecto o el que menos mentiras hace. El mejor albañil es aquel al que no se le notan las mentiras”. Con esta expresión se refiere a los pequeños ajustes o soluciones improvisadas que permiten completar correctamente una tarea pese a las dificultades que puedan surgir durante el proceso.Un oficio duro, pero con posibilidadesMartí reconoce que los primeros años de la albañilería son especialmente exigentes y que muchos jóvenes prefieren otros empleos con salarios similares y menor esfuerzo físico. “A lo mejor de mozo de almacén cobras 1.500 euros y estás dentro de una nave, fresquito. Como peón puedes cobrar lo mismo y estar al sol, subiendo material a un quinto piso sin ascensor”.Sin embargo, defiende que la construcción permite progresar a medida que se adquieren habilidades y responsabilidades. “Vas a empezar cobrando lo mínimo, pero conforme aprendas más podrás ganar más. En otros trabajos tienes un techo mucho más cercano. La media puede estar en 1.700 euros y me parece ridículo, pero son los precios que se manejan porque tampoco puedes cobrar mucho más al cliente”. A su juicio, esa posibilidad de progresar profesionalmente sigue siendo uno de los principales atractivos de un oficio que exige experiencia, pero que también ofrece margen para asumir nuevas responsabilidades.Volvería a elegir la construcciónPese a la dureza física del oficio, Diego asegura que volvería a tomar la misma decisión. “Yo creo que sí volvería a dejar los estudios porque nunca he valido para estudiar y la construcción me gusta. Es reconfortante terminar y decir: ‘Esto lo he hecho yo’. O pasar por una casa después de diez años y recordar que la construiste tú”.Para él, esa combinación de esfuerzo, experiencia y satisfacción explica por qué, pese a las dificultades, continúa vinculado al oficio. “La construcción es dura, pero también es algo bonito. No todo el mundo sabe hacerlo y, cuando ves el resultado terminado, merece la pena”, terminó diciendo.La falta de relevo generacional se ha convertido en una de las principales preocupaciones del sector de la construcción. Tanto el Ministerio de Educación como las organizaciones empresariales defienden reforzar la Formación Profesional y la FP Dual para facilitar la incorporación de nuevos trabajadores cualificados y conectar la formación con la realidad de las empresas.El objetivo pasa por garantizar que oficios como la albañilería cuenten con profesionales preparados para responder a una demanda que sigue creciendo y asegurar el relevo en un sector cada vez más envejecido.Christian Jiménez, La Vanguardia.
Diego Martí, albañil desde los 15 años: “El mejor albañil no es el que lo deja todo perfecto o el que menos mentiras hace. El mejor es al que no se le notan las mentiras”
El albañil valenciano explica cómo fueron sus primeros años en la construcción. Además, defiende el aprendizaje sobre el terreno y alerta sobre la falta de relevo generacional en el sector.








