28 de julio, 2026 - 07h30No me he animado aún a ver la reciente versión cinematográfica de La odisea de Homero. En parte por sus tres horas y más de duración, y en parte por las dudas que siempre despierta el ver en el cine adaptaciones de obras literarias. ¿Deben estas adaptaciones mantener fidelidad con el texto original del libro que invocan como fuente o hay un margen de libertad en ese ejercicio?, y si lo hay, ¿hasta dónde? ¿Lo que está pasando en los cines es La odisea de Homero o La odisea del director, Christopher Nolan? Habrá quienes digan que es imposible que La odisea sea leída sin que el lector termine haciendo de ella algo diferente a la original. ¿No es lo que sucede también leyendo Crimen y castigo, La montaña mágica o Madame Bovary?Pero quizás lo más importante de La odisea de Nolan es que ha revivido el interés por la obra. Junto con La ilíada, ella es la piedra angular de la literatura de Occidente. En Inglaterra en las últimas semanas más de 40.000 ediciones de La odisea han sido vendidas. Para algunos es un síntoma de que el estudio de los clásicos estaría repuntando. Una lástima que en Ecuador no se observa un interés similar. Como señalaba Ítalo Calvino, los clásicos son esenciales en nuestras vidas por las preguntas que nos hacen y las respuestas que abren. Lo son especialmente hoy cuando la democracia y nuestra dignidad son asaltadas por tiranillos arrogantes y el embrutecimiento colectivo. Contrariamente a ciertos prejuicios, los clásicos son entretenidos, sin que pierdan la profundidad de sus mensajes. Desde la República de Platón y la Política y la Ética de Aristóteles hasta los discursos de Cicerón, pasando por la Metamorfosis de Ovidio y las obras de Plutarco, Jenofonte y Livio, todos ellos no solo que forman el núcleo de nuestra identidad cultural, a pesar de sus siglos, sino que son de lectura agradable. La odisea ocupa un puesto central en esta tradición. Por una ofensa a Poseidón, Odiseo –después de luchar diez años en la guerra de Troya– es condenado a navegar durante una década por el Mediterráneo antes de llegar a su hogar. En el viaje, nuestro héroe (conocido también como Ulises, en la versión latina de la obra) deberá enfrentar a monstruos de seis cabezas, hechiceras, tribus violentas, caníbales, sirenas traicioneras, serpientes y huracanes. Deberá bajar al inframundo y escapar de todo tipo de peligros. Fue gracias a la intervención de Atenea que a Odiseo se le permitió finalmente regresar a su reino, Ítaca. Allí otra tragedia ha estado viviendo su esposa, Penélope, y su hijo Telémaco. Ellos llevan veinte años esperando a Odiseo. En ese tiempo, una serie de intrusos ha estado hostigando a Penélope con el fin de desposarla, y ella con astucia los ha mantenido lejos. A su regreso, Odiseo los aniquila en un cruento combate. La odisea ha provocado lecturas de todo tipo, desde el psicoanálisis hasta la antropología. James Joyce se inspiró en ella para escribir su célebre Ulises. Al igual que Odiseo, ¿no estamos condenados a sortear grandes adversidades y vencer enormes abismos antes de llegar a tierra firme? ¿Y a semejantes pruebas no están condenadas sociedades gobernadas lamentablemente por autócratas e ineptos antes de arribar a puerto seguro? (O)
Hernán Pérez Loose: El regreso de ‘La odisea’ | Columnistas | Opinión
Al igual que Odiseo, ¿no estamos condenados a sortear grandes adversidades y vencer enormes abismos antes de llegar a tierra firme?














