En apenas cuatro años, el capitán Ibrahim Traoré, presidente de Burkina Faso, ha pasado de ser un oficial del ejército desconocido para el gran público a convertirse en un auténtico icono global del panafricanismo antiimperialista. Su rostro se imprime en camisetas, vídeos laudatorios se viralizan en las redes sociales y sus frases lapidarias y discursos soberanistas circulan a velocidad de vértigo. Con una imagen y un tono inspirados en la figura de Thomas Sankara, líder revolucionario burkinés de los años ochenta, el capitán Traoré ha roto con Occidente para acercarse a Rusia y seduce a millones de jóvenes africanos y de la diáspora no solo con palabras, también construyendo infraestructuras y nacionalizando minas e industrias. Sin embargo, en medio de una guerra sin cuartel contra el avance del yihadismo, también reprime y encarcela a activistas, periodistas y opositores, y sus tropas cometen masacres contra civiles.“Es alguien muy ambivalente, pero diría que, en el plano ideológico, se parece más a Stalin que a Sankara”, asegura el marfileño Dagauh Komenan, doctor en Ciencias Históricas y experto en el Sahel. “A mi juicio, se trata de un líder muy autoritario. Pasa por alto los derechos humanos y la libertad de prensa, y restableció la pena de muerte. Combate la pluralidad de opinión. No es un demócrata, eso es evidente. Pero goza de una gran popularidad, sobre todo entre los jóvenes, gracias a sus decisiones de echar a los militares franceses, nacionalizar las minas de oro o construir carreteras y fábricas. Hace acciones concretas con fondos propios. Y eso gusta”.Su irrupción en la escena pública data del 6 de octubre de 2022, cuando lideró una asonada militar y, a sus 34 años, se convirtió en uno de los jefes de Estado más jóvenes del mundo. Sin embargo, ya había dado muestras de su liderazgo cuando se convirtió en portavoz de los militares destinados a combatir el yihadismo en el norte del país y se quejó en reiteradas ocasiones por la falta de recursos sobre el terreno. El golpe de Estado fue recibido con entusiasmo por buena parte de una población decepcionada con la clase política y con la intervención occidental.Traoré, quien coqueteó con el marxismo cuando estudiaba Geología en la universidad, no dudó en expulsar a las fuerzas especiales francesas estacionadas en Burkina Faso y aceptar una cooperación militar rusa centrada en la formación y en su protección personal, mucho más limitada que en la vecina Malí, donde los mercenarios de Africa Corps combaten directamente a los grupos yihadistas y rebeldes sobre el terreno. El nuevo presidente burkinés optó por una estrategia diferente: apelando al patriotismo, reclutó a decenas de miles de jóvenes para formar una unidad civil, los Voluntarios de Defensa de la Patria (VDP), que, casi siempre con escasos medios, son la primera fuerza de defensa en los pueblos y regiones más alejadas de la capital.Figura de culto en las redes socialesSin embargo, la clave de su popularidad no hay que buscarla en el campo de batalla, donde su ejército ha sido acusado en repetidas ocasiones de masacres de civiles en una guerra que está lejos de haber ganado, sino en internet y las redes sociales. TikTok, Instagram y YouTube están plagados de vídeos generados por inteligencia artificial donde se puede ver al capitán Traoré pasando revista a sus tropas montado a caballo, a Beyoncé en uniforme de combate junto al líder burkinés o al papa León XIV elogiando su figura. Todos son falsos, pero causan furor, se comparten y se llegan a viralizar en países como Nigeria, Ghana o Kenia, pero también en Francia, Rusia y Estados Unidos, donde su imagen fascina a jóvenes en busca de referentes del Sur global.Nada se deja al azar. Detrás de todo este culto en línea a la personalidad hay una red de influencers y comunicadores al servicio del Gobierno, coordinados directamente por Kassoum Traoré, hermano menor del presidente. En dicha propaganda, Traoré se presenta como el líder militar que está derrotando al yihadismo, aunque más de la mitad de las 26.000 personas asesinadas desde 2015 lo fueron en los últimos tres años, según la organización especializada en el seguimiento de conflictos Acled, y el ejército haya sufrido severas derrotas de las que nunca informa de manera oficial. Cerca de la mitad del territorio burkinés, sobre todo las áreas rurales, sigue fuera del control del Estado. Unos dos millones de personas han huido de sus hogares, uno de cada diez ciudadanos.Pese al impacto negativo del conflicto y de la inseguridad, sobre todo en la agricultura, uno de los sectores clave, la economía burkinesa ha logrado situarse en tasas de crecimiento anual del 5% y la deuda se mantiene estable, según el Fondo Monetario Internacional, que gestiona dos programas de préstamos a Burkina Faso. Ello es así debido, sobre todo, a la subida del valor del oro en los mercados internacionales, un mineral sobre el que pivota buena parte del dinero que entra en el país. En 2023, el Gobierno compró dos de los yacimientos más importantes y, un año más tarde, aprobó un nuevo código minero que incrementó los beneficios estatales por la vía de los royalties del 10 al 15%. Pero no es solo el oro. El Gobierno ha entrado directamente en la producción de algodón o en la fabricación de cervezas, aceites y jabones. El sector privado, sin embargo, se inquieta y busca nuevos destinos de inversión.Ataviado siempre con uniforme militar y boina roja, y tomando la palabra sin discursos escritos ni notas, su primer gran espaldarazo internacional lo vivió en mayo de 2025 en Moscú, a donde acudió invitado por el presidente Vladímir Putin. “A Rusia le viene muy bien el éxito del capitán Traoré porque es una muestra de que su cooperación es mejor que la occidental”, añade Komenan. Allí, el presidente burkinés agradeció la ayuda recibida para abordar sus tres prioridades: ganar la guerra a los yihadistas, tener un ejército fuerte y desarrollar el país a través de una industria nacional propia. “África no es pobre; lo que pasa es que otros gestionan nuestras riquezas. Dejemos de pedir ayuda y empecemos a producir nosotros”. Esta es una de las frases más repetidas de Traoré.Tras incumplir su promesa de celebrar elecciones en 2024, promovió una Carta de la Revolución que lo eterniza en el poder. Sin embargo, sus maneras autoritarias, que han llevado a la cárcel, al frente de guerra o al exilio a periodistas, activistas y opositores, también están generando un malestar creciente, pero silenciado. “Es difícil evaluarlo. Por un lado, miles de personas se ofrecen como escudo humano para defenderlo cuando hay rumores de golpe de Estado, pero por otro lado sabemos que dentro del ejército hay personas descontentas. En todo caso, es difícil que alguien se atreva a desafiarle frontalmente porque tiene unos excelentes servicios de inteligencia”, añade el experto en el Sahel.