Las cárceles están diseñadas para que nada escape. Tampoco el calor. La convivencia ya es compleja en bloques de hormigón y las ventanas con escasa ventilación, pero todo empeora con escenarios de calor extremo como los que ha vivido Cataluña este verano, ya con tres olas de calor a cuestas y con máximas que han alcanzado los 43 grados en ciudades como Lleida. “Hay tardes en que han caído cuatro gotas y ha empezado a salir vapor de todo el hormigón, de todo el calor acumulado”, explica Montse Balaguer, portavoz de UGT Presons y funcionaria destinada actualmente en Lledoners. Con el cambio climático y los veranos cada vez más marcados por temperaturas récord, trabajadores penitenciarios y colectivos de apoyo a personas presas coinciden en que los centros “no están preparados para los episodios extremos”.Las celdas de unos 15 metros cuadrados, donde los internos pasan buena parte del día y toda la noche, concentran toda la acumulación térmica. “Estos espacios son de hormigón también por fuera y conservan el calor cuando se va el sol”, afirma Balaguer, que también ha trabajado en Quatre Camins, Brians 1, Brians 2, Girona y la antigua Modelo. “No hay ninguna cárcel completamente preparada para las temperaturas que estamos viviendo”, subraya.La frecuencia de las olas de calor ha llevado a colectivos como La Corda a intensificar, desde hace tres años, sus reivindicaciones para mejorar la climatización de las prisiones catalanas. Héctor Quiles, miembro del colectivo, comenta que la discusión sobre la temperatura en los centros es algo que genera empatía “porque todos sabemos cómo estamos sufriendo con las olas de calor cada vez más frecuentes”, explica. Según La Corda, algunas celdas pueden alcanzar más de 40 grados.Las dificultades afectan a los internos, pero también a quienes desempeñan su jornada dentro de los módulos. Jordi Uceda, portavoz de CC OO, explica que tampoco los uniformes están preparados para, como en su caso, soportar los dos extremos de temperatura durante el año que se viven en el centro de Ponent, en Lleida. “Es un material sintético, plastificado, que ya ha causado irritaciones en la piel de muchas compañeras”. Algo en lo que Balaguer coincide. “El agravante que tenemos los funcionarios es que vamos vestidos con pantalón largo, azul marino, con una ropa que no está preparada para el calor”.La Secretaria de Mesures Penals i Reinserció de la Generalitat asegura que durante los últimos meses ha intensificado las actuaciones para adaptar los centros penitenciarios. Entre las medidas destacan la instalación y renovación de ventiladores en espacios comunes y la climatización de las salas de día, las zonas mixtas y las enfermerías de los centros más modernos (Lledoners, Puig de les Basses y Mas d’Enric). Para los trabajadores, el problema está principalmente en los centros más antiguos, como el de Ponent o el centenario centro feminino Wad-Ras.El Departamento añade que los internos pueden disponer de ventiladores en las celdas con recursos propios. Cuando no pueden adquirirlos, el centro los facilita en préstamo y mantiene un stock para cubrir necesidades sobrevenidas.La presencia de ventiladores en las celdas está permitida, pero no resuelve el problema de fondo. “Tú estás a un metro de la pared y notas el calor que sale del hormigón. No es confortable ni para ellos ni para los funcionarios”, resume Balaguer. La ausencia de árboles por motivos de seguridad y la escasa vegetación hacen que el calor se acumule, mientras que las pistas deportivas dejan de ser utilizables durante las horas centrales del día.El calor y la rutina de seguridadPese al aumento de las temperaturas, el funcionamiento ordinario de las prisiones exige una rutina adecuada a los estándares mínimos de seguridad. “Los horarios de salida al patio son los mismos que el resto del año. Deja de ser un momento de respiro y pasa a ser un momento sofocante”, afirma Quiles. En verano, además, algunos de los pocos espacios climatizados, como los talleres y las actividades deportivas, dejan de estar disponibles. “Cuando no hay escuela, los internos buscan los espacios comunes que tienen aire acondicionado”, añade la funcionaria. Según las fuentes penitenciarias, los internos pueden renunciar voluntariamente a salir al patio cuando el calor es excesivo. “Existe la subida voluntaria. Si alguien no quiere bajar y prefiere quedarse en la celda, puede hacerlo”, explica. Sin embargo, recuerda que la legislación también limita el tiempo que una persona puede permanecer encerrada en la celda, de modo que la organización diaria no permite grandes adaptaciones.Más tensión dentro de los módulosTrabajadores y colectivos coinciden en que las altas temperaturas repercuten directamente en el clima de convivencia dentro de los módulos, tanto por la falta de momentos de esparcimiento, como las actividades deportivas, como por las noches mal dormidas. “El calor extremo hace que estén más alterados. Tienes mucho calor y no se te pasa”, explica Balaguer.La funcionaria asegura que este mismo mes se produjeron tres agresiones a trabajadores en Lledoners, donde presta servicio. Con las puertas cerradas y la escasa ventilación de las ventanas, las noches también dejan de ser momentos de descanso. “Con pocos momentos de ocio y noches sin dormir bien, los conflictos se intensifican en los periodos de verano”, coincide Jordi Uceda.La Generalitat defiende que existe una estrategia en marcha para adaptar los centros penitenciarios a episodios de calor cada vez más frecuentes e intensos. El Departamento asegura que las dependencias destinadas a los profesionales están climatizadas y que se aplican las medidas previstas en la normativa de prevención de riesgos laborales. Trabajadores y colectivos, sin embargo, consideran que las mejoras aún son insuficientes y relatan constantes casos de desmayos y malestar.
Las cárceles catalanas, atrapadas en la ola de calor: “El hormigón de las celdas sigue caliente cuando se va el sol”
Activistas y funcionarios advierten de las dificultades para hacer frente a las altas temperaturas en espacios que alcanzan los 40 grados







