Actualizado Martes,

julio

00:20Los t�cnicos de ayuda psicol�gica se quedaron sin palabras cuando conocieron el caso. Dos mujeres venezolanas que hace apenas unas semanas ya fueron atendidas tras los terremotos que asolaron su pa�s ahora hab�an sido evacuadas por el fuego en Madrid. �Sent�an una culpa doble. Dec�an: 'Nos hemos salvado', mientras hablan con sus compatriotas, que est�n durmiendo en la calle�.Pasan los d�as y las decenas de pabellones que acogen a los afectados por el mayor incendio de la historia de Espa�a se convierten en el epicentro de la incertidumbre a pesar de estar a tantos kil�metros del fuego. El hogar, las pertenencias, las mascotas, el trabajo, los recuerdos de una vida o las dudas sobre el futuro se agolpan en los polideportivos reconvertidos en albergues mientras la gran inc�gnita sobre cu�ndo se levantar�n las restricciones que permitan el retorno sigue sin despejarse.�Hemos visto casos de personas que el primer d�a vienen relativamente relajadas porque piensan que esta situaci�n igual dura un d�a. Pero van viendo c�mo pasan las horas y los d�as. Esa incertidumbre de seguir aqu� sin saber cu�ndo regresar�n hace que la ansiedad aumente�, cuenta Sara Casado, psic�loga del servicio de Atenci�n al Ciudadano de la Comunidad de Madrid, que forma junto a Jes�s Garc�a, agente del 012, uno de los equipos con los que la Comunidad de Madrid ha transformado temporalmente sus oficinas m�viles de ayuda ciudadana en centros itinerantes de atenci�n psicol�gica. Recorren la ruta maldita del fuego: desde los municipios confinados hasta aquellos que han abierto sus recintos para acoger a sus paisanos. All�, un cami�n similar al de las donaciones de sangre ha mutado en una consulta port�til. En algunos pabellones, los vecinos hacen cola para hablar con el psic�logo; en otros es el especialista quien se ofrece a los acogidos. Cada realidad, cada pueblo, es resultado de ese dif�cil proceso de dejar atr�s sus casas sin saber por cu�nto tiempo o ante qu� consecuencias.�Hay personas muy vulnerables a las que les est� costando pedir ayuda�, narra Casado desde M�stoles, uno de los principales lugares de acogida, con tres polideportivos habilitados. Su unidad m�vil opera en este enclave; otra pasa por Villanueva de la Ca�ada, Brunete y Las Rozas. Una tercera se acerca a la zona m�s devastada por las llamas: Getafe, Navalcarnero, Villamantilla y Villamanta.A bordo, todo tipo de escenarios y vidas sacudidas por el fuego que se abren en canal: familias enteras que han perdido su casa, personas que temen por los problemas que van a tener con su casero, shock tras la adrenalina de salir corriendo y dejar toda una vida atr�s, temor por la situaci�n de los animales que se quedaron asomados al incendio... Hasta una embarazada que, a pocos d�as de dar a luz, no sabe qu� ser� de su futuro. Y tambi�n gente a la que le horroriza abrirse y contar su historia por miedo al qu� dir�n.Ante estas reticencias, los psic�logos de la Comunidad de Madrid flexibilizan sus consultas: �Ofrecemos la posibilidad de venir en compa��a. Hemos visto un grupo de amigas y les hemos propuesto venir todas juntas para charlar un rato, poner en com�n lo que vemos y c�mo nos sentimos�, detalla la especialista desde el pabell�n Rafa Mart�nez, donde permanecen acogidas 408 personas procedentes de Fresnedilla de la Oliva, Chapiner�a, Cadalso de los Vidrios y Cenicientos.�Nuestra apuesta es por lo presencial�, explica el director general de Atenci�n al Ciudadano, �ngel San Gregorio a bordo de una de estas unidades m�viles transformadas en consultas de ayuda psicol�gica. La esperanza que manejan en la Administraci�n madrile�a pasa por que estos camiones sigan transform�ndose y en cuesti�n de d�as pasen a ser puntos itinerantes de asesor�a legal, solicitudes y reclamaciones para los afectados por el incendio, ya regresados a sus hogares. El inicio de los tr�mites y gestiones, opina, ser�a la mejor se�al de que la vida, poco a poco, vuelve a encauzarse tras la cat�strofe. Mientras tanto, atenci�n, escucha y mucha informaci�n ante la incertidumbre: �Hay que hablar claro sin frenar la esperanza�, receta San Gregorio.