La masa de hielo del glaciar Perito Moreno avanza sobre las aguas del lago Argentino y se transforman en miles y miles de fotografías y recuerdos grabados por asombrados turistas. Sin embargo, detrás de esa postal universal existe otra historia. Una historia mucho menos conocida, que comenzó miles de años antes de que llegaran los primeros turistas y mucho antes incluso de que existiera el pueblo.

Un territorio habitado, explorado, trabajado y construido por generaciones de personas que dejaron una huella profunda en este rincón de la Patagonia. Paradójicamente, cuanto más famoso se hizo El Calafate, menos conocida quedó la historia de su propio origen.

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Hoy, miles de visitantes recorren sus calles sin saber que, muy cerca de allí, antiguos habitantes dejaron pinturas rupestres que testimonian su presencia miles de años atrás. Tampoco imaginan que fue el perito Francisco Pascasio Moreno quien, durante sus expediciones de 1877, bautizó al lago Argentino, iniciando uno de los capítulos más importantes en el conocimiento científico de la Patagonia austral.

Y mucho antes del turismo, la economía giraba alrededor de las grandes estancias ovinas. La lana producida en toda la región llegaba hasta la costa del lago para iniciar un largo viaje hacia Río Gallegos y desde allí embarcarse rumbo a Europa.