Se escucha un grito de alegría cuando el cartel con la cara de Narendra Modi es arrojado al suelo en el centro de Nueva Deli. Luego, llegan los pisotones. “Ladrón, ladrón”, corea una multitud entregada mientras aplasta contra el suelo embarrado la imagen del primer ministro de India.

Solo una semana antes, una escena así habría sido prácticamente inimaginable en la capital india. En los 12 años que llevan en el poder Modi y su formación, el Partido Popular de la India (BJP, por sus siglas en inglés), criticar al gobierno ha sido considerado como un acto peligroso. Las voces disidentes han sido aplastadas de manera rutinaria, rápida y eficaz.