Ante el vendaval de expresiones anti argentina que desde hace una semana proliferan en las redes sociales, en coincidencia con la final de la Copa del Mundo, la camiseta de la selección nacional reconfirma su rol de estandarte más allá de lo deportivo.Incluso, es posible anticipar que, esta casaca, la del Mundial realizado en la triple sede de México, Estados Unidos y Canadá, quedará en la historia grande del fútbol global y en el mapa de emociones que también conforma nuestra cultura vestimentaria.Y si bien, la albiceleste que posee las tres estrellas, ya trascendió los bordes de la cancha y se metió de lleno en los usos cotidianos de la ropa, hasta llegó a ser incluida en outfits fashionistas para producciones de moda, y en variedad de versiones desarrolladas por Adidas, sean la del fan o las de los jugadores, para cuerpos de hombres y mujeres.La otra opción, la camiseta suplente o también llamada alternativa, usada durante el partido contra Inglaterra (ganado por Argentina, en el último aliento, por 2 a 1) es la que se transformó en una prenda épica que protegió y empoderó a los jugadores en la batalla futbolística de la semifinal.Pero hay algo más y es que esa casaca azul, estampada con los trazos ondulados que emulan las pinceladas características de la técnica del fileteado porteño, que al principio obtuvo interés por la originalidad de su diseño y por la añoranza que le puede causar a los nacidos en esta ciudad, luego despertó el apego en la remisión casi inmediata al partido de hace exactamente 40 años, tras la Guerra de Malvinas, cuando Diego Armando Maradona inmortalizó la “Mano de Dios” y el “Gol del Siglo”.Lo cierto es que, a su vez, esa camiseta, la azul del 86, incluye otros relatos intrínsecos. En primer lugar, hay que recordar que fue una indumentaria muleto que un gerente administrativo de la AFA consiguió en una tienda en el DF mexicano para suplir la falta de la remera suplente. Y, por otro lado, en los últimos años se volvió noticia, en la subasta de Sotheby's, donde se promocionó la venta de la casaca que Diego había intercambiado con Steve Hodge, jugador inglés.Aunque su hija mayor, Dalma Maradona, salió a aclarar que esa no era la de los dos célebres tantos, sino otra que su papá había usado en ese partido. Más allá de esas idas y vueltas, el remate concluyó en 7,1 millones de libras esterlinas.A la vez, esa camiseta fue relanzada por la empresa Le Coq Sportif durante este año, y en un homenaje implícito al 10, en los últimos días una similar fue usada por Los Pumas en un partido en Santiago del Estero. Incluso no faltaron los que creyeron que este gesto había sido también la forma que los rugbiers encontraron para subsanar la inacción del 2020, cuando tras la muerte del astro del fútbol nacido en Villa Fiorito, no supieron qué hacer ante la ofrenda entregada por los All Blacks, sus pares neozelandeses.También, en el contexto del Mundial, la firma de origen francés lanzó al mercado una cápsula de culto a Maradona y recientemente el club Napoli, hizo lo propio con una nueva remera blanca con detalles celestes, diseñada nada menos que por Emporio Armani, una de las casas dinásticas de la moda italiana, mostrada en una campaña cuyas imágenes de venta (reales o creadas por la IA) estuvieron situadas en el barrio de La Boca.Pero volviendo a este nuevo capítulo en la saga de prendas que hacen historia, y en la narrativa actual de este triunfo contra los ingleses, que además los dejó fuera del Mundial, aparecieron otras camisetas y relecturas de la misma, originadas en el acervo popular.Diferentes marcas y emprendedores de vestimenta decidieron plasmar la leyenda “Las Malvinas son argentinas”, con la misma tipografía, típica de pintada callejera, como la de la bandera que llevó la hinchada y después del partido fue enarbolada por Giovani Lo Celso y Lisandro Martínez, entre otros jugadores.Ona Sáez, una de las primeras firmas de ropa en desarrollar esta prenda, anunció que parte de lo recaudado sería destinado a la Unión de Ex Combatientes de las Islas Malvinas de la República Argentina, filial Tigre.Tal fue el impacto de la réplica en la remera blanca estampada con letras negras, que enseguida conductoras y conductores de radio y televisión abierta no tardaron en mostrarla, por caso Malena Pichot y Ángel De Brito. Y este fin de semana, el periodista deportivo Gastón Edul la exhibió en el ingreso a la pelea que le tocó protagonizar en “La velada del año”, organizada por el streamer español Ibai Llanos.Otro guiño textil fue el de aquellos que, ante la ausencia de una cuarta estrella, releyeron el triunfo ante los ingleses y en ese espacio estelar, esbozaron el mapa de las islas en color dorado.Es en este sentido que la camiseta pasó a ser una prenda para sostener el combate por fuera de la escena deportiva, sin dudas asimilada como un símbolo patrio, por los colores y por lo que representa.En este caso particular, el reclamo por Malvinas, y en un sentido más general, la unión argentina, al menos en lo discursivo, que por el momento hasta da la idea ilusoria de acabar con la grieta.Claro que no fueron pocos los reclamos, lo mismo las advertencias que insisten en que sería bueno que esa gesta patriótica, representada mediante la casaca, la de ahora, la “fileteada”, y la eterna albiceleste, se haga extensiva a otras demandas, como las de la educación y la salud pública, además de uno de los temas de agenda de estos días; la extranjerización de tierras.El tiempo dirá si la camiseta argentina alternativa de este último Mundial obtendrá el rango definitivo de histórica y décadas después será releída o reinterpretada, o si no será más que parte del raudo derrotero con el único propósito de viralizar los reels y fotogramas que proliferaron en redes sociales.