La semifinal de Atlanta fue mucho más que un partido. La Selección Argentina venció 2-1 a Inglaterra y se metió en la final del Mundial 2026, pero la postal que quedó grabada en la memoria colectiva no fue un gol ni una atajada, sino un pedazo de tela blanca, pintada con letras improvisadas, que decía "Las Malvinas son argentinas". La sostuvieron Nicolás Otamendi, Giovani Lo Celso y varios de sus compañeros mientras el Mercedes-Benz Stadium todavía temblaba por el final del agónico encuentro. Detrás de esa imagen que recorrió portales de todo el mundo hay una historia mucho más artesanal de lo que cualquiera hubiera imaginado, un hincha, una habitación de hotel y una sábana cortada al medio. Antes de llegar a esa escena, hubo un partido que las tribunas vivieron como una batalla aparte. Desde temprano, miles de argentinos coparon las calles rumbo al banderazo en el centro de Atlanta, bajo una lluvia que no achicó a los hinchas, con un operativo de alto riesgo que incluyó fuerzas federales como el FBI y la DEA y un estadio que repartió su capacidad entre unos 30 mil hinchas albicelestes y 20 mil ingleses.

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