Bogotá (EFE).- El presidente saliente de Colombia, Gustavo Petro, afronta un nuevo escándalo de presunta corrupción a once días de terminar su mandato, el 7 de agosto, por un caso que involucra a las hermanas Juliana y Verónica Guerrero. El caso subió de tono tras denuncias de una funcionaria del Gobierno y la intervención de la Fiscalía.
Según las denuncias, las hermanas Guerrero ofrecían a empresarios facilitar la obtención de contratos en distintas entidades del Estado mediante el pago de comisiones y anticipos, aprovechando supuestos contactos dentro del Gobierno nacional.
El esquema contemplaba el cobro de un millón de pesos (unos 315 dólares) por una reunión inicial con Juliana Guerrero. Luego, un anticipo de 200 millones (unos 65.520 dólares) para comenzar las gestiones y una comisión del 10 % sobre el valor de los contratos adjudicados, según una investigación publicada por la revista Semana.
La polémica alrededor de Juliana Guerrero
El nombre de Juliana Guerrero, una joven de 23 años y sin título universitario, salió a la luz el año pasado. Siendo asesora del Ministerio del Interior, Petro la presentó en un consejo de ministros televisado como futura viceministra de Juventud.











