Un control de la Guardia Civil corta el paso y recuerda que nadie puede acceder a los municipios evacuados mientras el incendio siga activo. Sobre el papel, solo cruzan los servicios de emergencia y las personas expresamente autorizadas. En la práctica, algunos vecinos consiguen regresar. No lo hacen por curiosidad. Quieren ayudar a amigos y familiares que trabajan exhaustos para salvar el lugar donde han vivido y trabajado toda la vida.Mónica y Diego han logrado llegar a Piedralaves. "Coincidimos con un amigo que es apicultor y entramos como apoyo suyo", relatan a 20minutos, tras acceder desde Arenas de San Pedro por el control de Pedro Bernardo. Una entrada cada vez más restringida y vigilada. "Hoy está siendo muy complicado", resume.Las autoridades mantienen cerrados los accesos porque el incendio continúa activo y sin estabilizar. La Guardia Civil controla las principales carreteras y solo autoriza el paso de servicios esenciales y personas acreditadas. El objetivo, recuerdan los responsables de la emergencia, es proteger a la población y evitar interferencias en un operativo que sigue centrado en defender viviendas y contener los distintos frentes del incendio.Sin embargo, la angustia por no saber qué está ocurriendo al otro lado de los controles pesa mucho para algunos vecinos. "Personas que hemos visto en el operativo, unos han entrado con uniformes de Iberdrola y otros con el panadero, que se está encargando de llevar pan a los pueblos. Pero a casi todos los demás los están echando para atrás", describe. Los controles se suceden en las principales carreteras, caminos y cruces de acceso al Valle de Tiétar, un corazón verde carbonizado desde el pasado jueves y que aún se quema por los extremos, en Mijares y Casillas. "Una vez en el pueblo, paramos en la carretera, donde tiene nuestro amigo las colmenas. Allí paró una patrulla y nos dijeron que no nos moviésemos de Piedralaves. Está todo muy controlado", concluyen.Marta y José también lograron entrar desde Madrid. Cogieron "todos los juegos de llaves de casa que pudieron" y, en el control, hicieron valer la idea de que llevaban "todas las de la familia y amigos". "Venimos dos para no venir 10", relatan. Otro amigo de Mónica ha conseguido entrar después de que no le dejaran pasar por la carretera. Varios testimonios apuntan a los caminos forestales como alternativa de acceso. Y otras dos personas, han llegado desde Talavera, donde han dejado mujeres e hijos para ayudar y controlar sus negocios.El éxito de unos pocos ha desatado las ganas de otros muchos que quieren hacer lo propio, saltarse la prohibición de las autoridades y poner rumbo a sus pueblos. Lo hacen incluso convocando concentraciones a través de WhatsApp desde diferentes puntos que, por acumulación, pueda convertirse en una fórmula de éxito para superar los accesos. Llegar a La Adrada desde Madrid tampoco ha sido fácil para Dani este lunes. Tenía la intención de hacerlo acompañado de un amigo desde Móstoles y tras ser evacuado el pasado sábado. Así se lo ha contado a este diario a primera hora y antes de perderse la cobertura por los graves problemas de conectividad ocasionados por el fuego. Es un misterio si Dani y su amigo han logrado finalmente sortear el perímetro de seguridad."El silencio recuerda a la pandemia, no se oyen ni pájaros"Pero cruzar el control no significa encontrar un pueblo que resiste con normalidad. Lo primero que sorprende es "el silencio". Mónica describe una imagen que recuerda a los primeros días de la pandemia: "Piedralaves está como en la pandemia, todo silencioso. No hay luz, no hay coches aparcados. No se escuchan pájaros ni nada. Es una cosa muy rara".Pese a la evacuación, este municipio igual que cualquiera del alto Tiétar, mantiene una intensa actividad alrededor del operativo de emergencia. El centro logístico se ha instalado en San Roque, desde donde se coordina el suministro para los cientos de efectivos desplegados. Con las tiendas cerradas y sin actividad comercial, son los propios vecinos quienes sostienen parte de esa logística. "Hay un grupo de mujeres que se están organizando toda la comida y fruta, bocadillos permanentemente para que la gente pueda ir a comer, también platos de comida", explica. A su alrededor se organizan decenas de voluntarios que "esperan instrucciones para desplazarse allí" donde el incendio los necesita.La solidaridad ha llegado hasta el punto de obligar a reorganizar el trabajo. "Hay tantos voluntarios que están pensando en mandarles a hacer otras tareas, en formar grupos para dar de beber a animales, desbrozar u otras cosas".Ahora, la mayor preocupación pasa por controlar los focos desatados a lo largo y ancho de los pastos, situados en todos los pueblos arrasados, y en refrescar zonas calientes que amenazan con reactivar. El viento, el gran enemigo del que todo el mundo habla constantemente, pierde algo de protagonismo este lunes frente al humo, que ha deteriorado gravemente la calidad del aire en toda la provincia de Ávila y asfixia lentamente a los que allí siguen peleando por lo suyo y lo de todos los demás.
Volver a casa pese al incendio: la desesperación de los vecinos evacuados de los pueblos de Ávila
Mientras las autoridades mantienen los controles de acceso para garantizar la seguridad y facilitar las labores de extinción, algunos vecinos consiguen regresar a los pueblos evacuados para ayudar a sus familiares, atender a sus animales o comprobar el estado de sus viviendas.













