Nunca en domaLos viejos t�tulos nobiliarios no confieren hoy m�s privilegio que salir de vez en cuando en el 'Hola'El presidente del Gobierno, Pedro S�nchez, en Navaluenga.EFEActualizado Lunes,
julio
00:00Audio generado con IAEn un memorable enfrentamiento parlamentario, Pablo Iglesias le llamaba repetidamente �se�ora marquesa� a Cayetana �lvarez de Toledo. En su boca el t�tulo dejaba de ser distinci�n para convertirse en estigma. Bastaban esas dos palabras proferidas con estudiado sarcasmo, para evocar el t�pico de una clase social que jam�s se hizo la cama ni limpi� su retrete. Ya se sabe que los viejos t�tulos nobiliarios no confieren hoy m�s privilegio que salir de vez en cuando en el Hola. Hace tiempo que perdieron su prestigio frente a gran parte de la sociedad y para los que como Iglesias jam�s perdonan a nadie la loter�a de la cuna, tornan inmediatamente a aquellos que los poseen en sospechosos de ser in�tiles o degenerados. Incluso las dos cosas. Sic transit gloria mundi.Pero existe una nueva aristocracia que opera de manera similar a como lo hac�a en el pasado la nobleza. Es decir, una casta a la que se accede por un sistema de codiciados t�tulos que otorgan a quienes los ostentan prestigio, honor y privilegios. Los ducados y marquesados son ahora los doctorados, las c�tedras y las direcciones generales de cotarros art�sticos o culturales. T�tulos que introducen en la clase cultural a los que los poseen, esa clase a cuyos integrantes se les presupone doctos, respetables y capaces de emitir opiniones cualificadas en calidad de expertos.Como hace siglos, hay quien consigue su t�tulo nobiliario por m�ritos y haza�as, y otros lo hacen medrando en la corte de forma opaca. Ah� est� S�nchez, que es doctor con una tesis tan sospechosa e insustancial que obviamente quiso mantener oculta bajo siete candados. O como su hermano, director ausente de la fantasmag�rica oficina de artes esc�nicas de Badajoz, o como su mujer Bego�a, que para evitar ser un florero en palacio mont� una irrelevante c�tedra universitaria. Hubo otros tiempos en los que ser simplemente hermano-de o esposa-de se viv�a sin complejos, incluso con orgullo, hoy hay que inventarse estas rid�culas baron�as para camuflar con ringorrango su insoslayable condici�n de enchufados.Los podemitas, inc�modos se�ores feudales del sanchismo, s� obtuvieron sus doctorados hincando codos, y se ocupan de demostrarnos que su intelectualidad no es simulacro, para ello citan libros que s� han le�do y hacen la gesta de publicar de vez en cuando alg�n texto que s� han escrito.Al contrario que el doctor S�nchez, que en la academia no ve�a nada m�s que una sinecura para cuando los electores le despojaran, los podemitas primigenios hicieron de sus t�tulos de profesor universitario aut�nticos ducados. Con el prestigio que les otorgaban se plantaron en los virreinatos m�s turbios del Imperio para extraer beneficios como asesores, disfrutaron de un derecho de pernada entre sus obnubiladas vasallas y cabalgaron hacia la pol�tica por una puerta giratoria de la que poco se habla: esa que va de una universidad a un parlamento, del t�tulo de doctor al t�tulo de se�or�a. As�, como los arist�cratas de anta�o, se puede decir que jam�s han vivido de otra cosa que de los privilegios de sus t�tulos.







