�Si me preguntas cu�nto tiempo estuve recibiendo golpes, no lo s�. Se me hizo como una hora, pero fueron unos segundos eternos�, intenta recordar �ngel, el nombre ficticio con el que intenta protegerse al sentirse vulnerable. Este treinta�ero, residente en un pueblo de Vizcaya, es una v�ctima invisible de la vieja semilla de ETA presente en el nuevo fanatismo abertzale. Decenas de vascos sufrieron en primera persona los insultos, las amenazas y la violencia f�sica de energ�menos convocados por siglas de la izquierda abertzale que ya monopolizan los grupos radicales de clubes de f�tbol vascos. El odio a Espa�a se enmascar� de reivindicaci�n de la selecci�n del f�tbol vasca hasta que los gudaris dejaron libre su sed de venganza con la mirada fija en la Selecci�n Espa�ola o en una bandera rojigualda.�Puta casualidad que yo estaba el primero, el m�s pr�ximo al paso de la manifestaci�n y llevaba la camiseta roja de la Selecci�n, que es verdad que es m�s cantosa que los que llevan la camiseta blanca�, recuerda �ngel para intentar explicar lo inexplicable. Porque el pasado domingo, en las tres capitales vascas y en decenas de pueblos, colocarse una camiseta de Espa�a o exhibir una bandera se convirti� en un acto de valent�a. Si, como �ngel, la camiseta era la roja y la bandera iba anudada al cuello, el riesgo a�n era mayor. Y, por evitar el riesgo, por celebrar en compa��a, pero en �un sitio tranquilo�, �ngel a punto estuvo de sufrir da�os irreparables en una brutal agresi�n en el coraz�n de Bilbao y ante la pasividad de dos patrullas policiales.�Descartamos ir a la pantalla gigante al pensar que se pod�a liar en cualquier momento porque siempre est�s aqu� con el miedo ese...�, confiesa, casi pidiendo perd�n, esta v�ctima. El �miedo ese� se extendi� a partir de las 19 horas de la tarde del pasado domingo por las tres capitales vascas porque en ese instante una amalgama de grupos radicales inici� concentraciones y marchas utilizadas para disimular la caza del espa�ol. En Bilbao, la columna parti� de la calle Autonom�a para, a trav�s del barrio de Indautxu, llegar por la Gran V�a hasta el parque de do�a Casilda, donde el PP vasco hab�a instalado una pantalla gigante que el alcalde nacionalista Juan Mari Aburto no se atrevi� a colocar. Cuatro j�venes portaban la pancarta que abr�a una marcha comunicada y autorizada por el Gobierno vasco cuyo destino final era el Museo de Bellas Artes.Los casi 400 manifestantes desfilaron detr�s del lema Euskal Herriak Ofizialtasuna, Espanolismaori ez (selecciones oficiales de Euskal Herria, no al espa�olismo). �Cuando les vimos llegar gritaban "puta Espa�a, puta selecci�n"�, recuerda �ngel, y la actitud de los manifestantes difer�a de la imagen inicial de una cabecera de la marcha con dos j�venes ataviados con las camisetas de la selecci�n vasca de f�tbol y dos chicas con vestidos negros.�ngel regresaba de solicitar a los ertzainas que garantizaran la seguridad de todos cuando arranc� la persecuci�n contra el �espa�olismo� que rezaba en la pancarta. �Primero, sali� un tipo con gorra, gafas de sol, de m�s de 50 a�os y se dirige al bar lanzado, quita una bandera de Espa�a a un chaval y tras �l saltaron unas 50 personas o una cosa as�, j�venes y adolescentes�, relata la v�ctima. Sin cord�n policial alguno y a la carrera, el siguiente objetivo fue �ngel.�En apenas 10 o 15 segundos me veo rodeado y recibo primero un codazo que me rompe las gafas y me hace una herida superficial en la cara. Pero al caer al suelo es cuando recibo patadas y golpes con porras extensibles que me hacen seis marcas, sobre todo en las piernas�, rememora, apoy�ndose en im�genes de sus recuerdos y en algunos v�deos tomados por testigos y publicados en redes sociales. Im�genes en las que se constata que el aficionado de la Selecci�n Espa�ola tuvo la enorme fortuna de contar con una mujer valiente a su lado. �Yo estaba hecho una bola, con la cabeza tapada y recibiendo palos por todos los lados. Gritaban "puta Espa�a, esto te pasa por espa�ol, hijo de puta", explica.Fotograma de la misma agresi�n con la que abre este reportaje. La v�ctima, como en la primera imagen, tampoco es �ngel. Pero tambi�n fue agredida como �l.Aturdido en medio de una jaur�a violenta, la pareja de esta v�ctima se ech� encima de �l para evitar que le golpearan la cabeza con patadas y porrazos. La mujer tambi�n fue golpeada de refil�n porque uno de los agresores intent� continuar la paliza pese a la petici�n de que terminara de una vez.Conmocionado, pero sin perder la sangre fr�a, �ngel fue auxiliado por varios testigos que observaron la agresi�n. Decidi� regresar hasta d�nde la patrulla de la Ertzaintza que contempl� la agresi�n sin intervenir y se limit� a avisar a la unidad antidisturbios. La presencia de varias furgonetas de la Brigada M�vil abort� la agresi�n en ese lugar, pero r�pidamente, ante la falta de efectivos, los especialistas de la Ertzaintza se montaron en sus veh�culos ante la previsi�n —despu�s confirmada— de que los alborotadores volver�an a arremeter contra aficionados de Espa�a a lo largo de la Gran V�a de Bilbao.DEJADEZ POLICIALImpasibles a todo lo que suced�a, dos agentes de la Polic�a Local permanecieron durante esta agresi�n junto a su veh�culo oficial sin amagar con una intervenci�n disuasoria, como constatan los v�deos tomados por vecinos de la zona. �Cuando se montaron, les hice una se�al para que pararan y les ped� que enviaran a alg�n compa�ero para proteger a quienes estaban en el bar esperando a ver el partido. Me respondieron que no porque no estaba contemplado�, acredita esta v�ctima del terror callejero de la izquierda abertzale. Sin despojarse de su camiseta, �ngel y sus acompa�antes decidieron abandonar Bilbao teniendo muy presente los mensajes de desprecio a la selecci�n de Luis de La Fuente lanzados por el lehendakari Imanol Pradales y el alcalde de Bilbao Juan Mari Aburto.�Creo que las palabras del lehendakari y del alcalde de Bilbao no fueron para nada acertadas porque calentaron m�s la situaci�n. Te sientes raro por estar orgulloso de ser el pa�s que eres. Nunca te esperas esto, hasta que te toca�, lamenta �ngel, una de las decenas de v�ctimas de los fan�ticos abertzales y de la dejadez policial. Una experiencia tan traum�tica que es una de las v�ctimas que no acudi� a la Ertzaintza para intentar protegerse de las futuras amenazas de quienes se sienten impunes.