El incendio que ha arrasado 42.000 hectáreas en el suroeste de Francia y que ha provocado la evacuación de 220.000 personas sigue activo este lunes, aunque se mantuvo “en general estable” a lo largo la noche del domingo, “sin cambios significativos que destacar” tras varios días de rápida progresión, según ha avanazado este lunes la delegación de Gobierno del departamento de Gironda.

Sin embargo, aunque en las últimas horas la situación parece encaminarse hacia una tregua temporal con menos focos activos, las autoridades francesas temen los efectos de una nueva ola de calor, prevista a en la región a partir del martes, con temperaturas máximas de hasta 40 °C y vientos algo menos fuertes pero más secos, según las previsiones. “[Será] una carrera contrarreloj antes de la subida de temperaturas prevista”, ha afirmado el portavoz de los bomberos franceses, Eric Brocardi, entrevistado el lunes por la mañana en la radio pública France Inter, en relación a las labores de extinción en los próximos días.

“Un fenómeno nunca antes observado en Francia”

Los expertos también señalan que la evolución de este incendio resulta particularmente difícil de prever, ya que ha generado un pirocumulonimbo –una nube creada como resultado de una potente fuente de calor– y está creando unas condiciones meteorológicas propias. “Es una situación totalmente inédita”, aseguró hace unos días el ministro del Interior francés, Laurent Nuñez. “Nunca habíamos visto algo así, un incendio convectivo [capaz de generar su propio viento] de esta magnitud”.