La organización benéfica de Sarah Ferguson, Sarah’s Trust, ha sido disuelta formalmente y figura como “eliminada” en el registro público de organizaciones benéficas del Reino Unido. La ONG, fundada en 2020 por la exduquesa de York, ya anunció el pasado 2 de febrero que cerraría “por tiempo indefinido”, justo después de que se hiciesen públicos nuevos mensajes que vinculaban a Ferguson con el fallecido pederasta Jeffrey Epstein. “Nuestra presidenta, Sarah Ferguson, y el consejo directivo han acordado, con pesar, que la organización benéfica cerrará próximamente”, aseguró entonces un portavoz de la ONG. Ese día llegó el pasado 24 de julio, cuando Sarah’s Trust, que se registró por primera vez en la Comisión de Beneficencia del Reino Unido en 2018, ya aparecía en este organismo como “cerrada”. Sarah’s Trust se creó para apoyar, según su página web, los trabajos para atajar crisis humanitarias y ambientales, “la crisis del hambre y los problemas que perpetúan los ciclos de pobreza extrema”. “Hemos colaborado con más de 60 organizaciones benéficas en más de 20 países, brindando educación, atención médica, respuesta a crisis y proyectos ambientales. Entregamos más de 150.000 paquetes de ayuda durante la pandemia de covid, proporcionamos asistencia médica y formación a los afectados por la guerra en Ucrania y brindamos educación a más de 200 niños en Ghana”, defendió como despedida el pasado febrero. En septiembre de 2025, cuando también salieron a la luz otros correos electrónicos que la ahora exduquesa había intercambiado con el pederasta, otras cuantas fundaciones benéficas, como Julia’s House, Teenage Cancer Trust o Prevent Breast Cancer, entre otras, retiraron a Ferguson los patronatos.Entre los más de tres millones de documentos publicados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos a principios de este año, había varios correos electrónicos que parecían demostrar que Ferguson estuvo en contacto con Epstein mientras este se encontraba en prisión por delitos sexuales. En 2011, por ejemplo, Ferguson envió un email a Epstein en el que lo aclamó como un “amigo fiel y supremo”, a pesar de que por entonces ya estaba condenado. “El hermano que siempre he deseado tener”, decía la exduquesa sobre el multimillonario en otro de los correos. La excuñada del rey Carlos III, perdió en octubre su título de duquesa, después de que su exmarido, Andrés Mountbatten-Windsor, fuese despojado de su título de príncipe y duque de York debido también a su estrecho vínculo con Epstein. De hecho, el hermano pequeño del monarca fue detenido el pasado 19 de febrero por la presunta filtración de información confidencial al pederasta, pero fue puesto en libertad pocas horas después. Ferguson, por su parte, ha recibido peticiones para declarar ante las autoridades estadounidenses, pero, de momento, se ha negado.Ferguson también se vio obligada a abandonar la mansión que compartía con su exmarido en Windsor, Royal Lodge, donde seguían viviendo juntos a pesar de haberse divorciado en 1996. Por tanto, la exduquesa ha tenido que buscar un nuevo hogar, cuyo paradero se desconoce, en medio de las especulaciones sobre una posible mudanza definitiva fuera del Reino Unido. En los últimos días se ha especulado también sobre la posibilidad de que el empresario y piloto de carreras Paddy McNally, expareja de Sarah Ferguson, le haya estado ayudando a la exduquesa en los últimos meses. Según medios británicos como The Telegraph, McNally, que falleció el pasado 22 de julio a los 88 años, “le había dado cobijo a la Sra. Ferguson después de ser desalojada del que había sido su hogar desde hacía décadas”. “La Sra. Ferguson, de 66 años, encontró refugio en el chalet de McNally en Verbier, la exclusiva estación de esquí suiza, durante los meses posteriores a que ella y su exmarido se vieran obligados a abandonar su hogar”, asegura el medio británico. El empresario y la exduquesa mantuvieron una relación sentimental de tres años antes de que ella se casara con el entonces príncipe Andrés en 1986, y siguieron siendo amigos después de eso.El pasado 16 de abril, Ferguson fue vista por primera vez en siete meses en un lujoso chalet en una estación de esquí austriaca que cuesta unos 2.300 euros la noche. “La zona es absolutamente preciosa y suele ser muy tranquila, por lo que es el lugar perfecto para que una figura pública como ella pase desapercibida”, destacaba entonces The Sun.