La defensa del comisario José Manuel Villarejo ha tomado la palabra este lunes en el juicio sobre el caso Kitchen. Más de tres meses después del arranque de la vista, Antonio García Cabrera, abogado del antiguo policía, ha expuesto al tribunal su alegato final: “Este es un caso cuasiperiodístico”, ha exclamado para restar valor a la acusación. El letrado ha reclamado la absolución del policía, para quien la Fiscalía Anticorrupción solicita 19 años de prisión tras considerarlo como una pieza clave de una trama urdida en el Ministerio del Interior para espiar en 2013 al extesorero popular Luis Bárcenas, con el supuesto objetivo de robar documentos comprometedores que aún podía guardar de altos cargos del PP y que no se quería que llegaran a manos de los investigadores del caso Gürtel. “Pero eso no se ha acreditado. Nada permite inferir el gran titular que enmarca Kitchen”, ha repetido.El juicio, inmerso en su recta final, ha sumado este lunes su sesión número 36. Las defensas llevan varios días exponiendo sus conclusiones. Y esta mañana ha llegado el turno de Villarejo. Su abogado ha rechazado que las cúpulas de Interior y de la Policía Nacional —con el exministro Jorge Fernández Díaz a la cabeza— activasen un despliegue “parapolicial” contra Bárcenas. En su lugar, el letrado de la defensa lo ha presentado como una “operación de inteligencia”; que buscaba el dinero que ocultaba el excontable del PP; y que ahora se ha manipulado para sentarlos en el banquillo. “El famoso caso Kitchen, que nunca existió con tal nombre, se creó por el señor Bárcenas a través de un grupo de periodistas que él hábilmente movilizó”, ha afirmado García Cabrera.“Pero nada de la prueba que se ha practicado permite inferir que fue una operación para sustraer documentos del PP. En la operación de inteligencia se pudo cometer alguna irregularidad, pero de ahí a afirmar que era una operación predeterminada por autoridades del Estado para ese fin... No ha quedado probado y no era así”, ha ahondado el abogado del antiguo policía. El letrado ha arremetido así contra las “innumerables contradicciones” de Luis Bárcenas y lo ha acusado de impulsar la “creación de un monstruo” a través de las informaciones sobre Kitchen.El comisario Villarejo desempeñó un papel fundamental en la operación. Captó como confidente al chófer del extesorero y le pagó con dinero de los fondos reservados. Según su defensa, esa labor cabe dentro de la legalidad y se ejecutó por órdenes de Eugenio Pino, entonces director adjunto operativo (DAO) de la Policía Nacional. “Lo hace por encargo de su jefe directo. Villarejo cumple con lo que le dicen sus superiores: en este caso, el DAO”, ha puntualizado el letrado. El abogado ha tratado de desbaratar otro argumento clave de la acusación. La Fiscalía Anticorrupción insistió en que nunca se informó de Kitchen a los agentes que investigaban el caso Gürtel y que, por tanto, buscaban realmente el dinero de Luis Bárcenas bajo la supervisión de la Audiencia Nacional. “Pero eran dos investigaciones diferentes”, se ha escudado Antonio García Cabrera, que ha apostillado lo siguiente: “No eran exactamente lo mismo. No tenían el mismo objeto de investigación [...] Y no poner en conocimiento de la unidad investigadora una investigación con un objeto parecido, pero no idéntico, no constituye ningún delito”. Las agendas y audiosEste lunes, como ya procuró Villarejo al declarar como acusado, el abogado del comisario también se ha lanzado contra sus propias agendas y audios, convertidos en prueba de calado sobre el espionaje a Bárcenas. La defensa ha minimizado el valor de las grabaciones que el policía captó en secreto durante años, y ha añadido que las anotaciones de sus diarios no pueden tomarse como “hechos que ocurrieron indiscutiblemente”. García Cabrera ha introducido la hipótesis de que el agente podía plasmar en sus cuadernos desde “elucubraciones” a “simples rumores” o “estrategias”. Esta ofensiva no es baladí. Durante todo el proceso, las defensas han centrado buena parte de sus esfuerzos en tratar de invalidar los audios y las agendas. Los cuadernos de Villarejo contienen multitud de detalles sobre el desarrollo de la trama. “En los diarios son muchos los ejemplos de la dación de cuentas a Eugenio Pino de la información que facilitaba Sergio Ríos, [el conductor de Bárcenas captado como confidente]”, explicó el inspector jefe Gonzalo Fraga, el funcionario de la Unidad de Asuntos Internos (UAI) de la Policía que lideró la investigación sobre el caso Kitchen. “Villarejo no se engaña a sí mismo”, remachó Fraga al otorgar un gran valor a esos apuntes.Las grabaciones subrepticias han adquirido igualmente un enorme peso. En una de ellas, por ejemplo, se escucha cómo el comisario conversa en octubre de 2013 con el chófer de Bárcenas sobre dos archivos que el extesorero podía guardar en su poder dentro de un pendrive y que contendrían conversaciones comprometedoras con Mariano Rajoy y Javier Arenas. De forma clara, el policía insta a localizarlas y a hacerse con ellas: “Lo único es que ese tipo de conversaciones en ese pendrive, es algo que de alguna manera hay que darle al tarro para encontrarlo, macho. Al ser un sitio tan pequeño, lo puede tener cualquiera en cualquier sitio”, le dijo José Manuel Villarejo a Sergio Ríos.Una “orgía acusatoria”El abogado de Villarejo no ha sido el único que ha rechazado este lunes todas las acusaciones. También, los letrados de los comisarios Andrés Gómez Gordo, que fue asesor de María Dolores de Cospedal, ex secretaria general del PP durante su etapa como presidenta de Castilla-La Mancha; y José Luis Olivera, señalado por supuestas presiones al inspector jefe Manuel Morocho, principal investigador del caso Gürtel. “Los hechos en los que intervino Gómez Gordo no son constitutivos de ningún delito”, ha dicho la letrada del primero, que ha admitido que ayudó a la captación del chófer y al pago de los fondos reservados, pero ha calificado esas intervenciones como simples acciones “puntuales” enmarcadas en una “operación de inteligencia”. Por su parte, el abogado de Olivera ha negado que ejerciera ningún tipo de presión a Morocho: “Mi cliente nada tiene que ver con los hechos que son objeto de acusación”, ha proseguido, antes de calificar los delitos que se atribuyen a este comisario como una verdadera “orgía acusatoria” de la Abogacía del Estado y de las acusaciones populares (Podemos y PSOE) —la Fiscalía no le acusa a él—. Si el guion no se tuerce, la vista oral de Kitchen dará esta semana sus pasos finales. El tribunal prevé que la última defensa (la de Sergio Ríos) exponga este martes su alegato. A continuación, los procesados podrán ejercer su derecho a la última palabra. Después, el juicio quedará visto para sentencia.