Se dice que no es lo mismo oír que escuchar, pues lo segundo requiere mayor atención por parte del receptor. Sin embargo, en un mundo lleno de “ruido”, escuchar suele parecer difícil, pero es muy necesario.

Cada día se perciben sonidos de todo tipo: conversaciones con quienes interactuamos, música y sonidos de la naturaleza o del entorno urbano. Algunos llegan de forma indirecta y pueden pasar desapercibidos, pero otros, si se escuchan con atención, podrían impactar positivamente en la salud física y mental.

“Cuando prestamos atención a un sonido, el cerebro no solo escucha, sino que también lo interpreta y le da un significado. Se activan áreas relacionadas con la audición, la atención, la memoria y las emociones, permitiéndonos reconocer una voz, disfrutar una melodía o percibir el sonido relajante de la naturaleza”, explica la psicóloga clínica Nancy Gálvez, de Psicosalud NG.

Al escuchar de forma consciente, el cerebro disminuye la cantidad de estímulos a los que muchas veces intenta responder al mismo tiempo, lo que favorece un estado de mayor concentración y presencia.

“Esto puede ayudar a reducir la sensación de saturación mental y mejorar nuestra capacidad para conectar con el momento presente”, agrega la experta.