Hay una preocupación en la industria audiovisual que debería ser de toda la sociedad, pues afecta a nuestra cultura televisiva autóctona: el futuro de Movistar Plus, tras años en los que se había convertido en el oxígeno de series de calidad. Una cuestión de estado que, en cambio, las instituciones públicas parecen no comprender. De hecho, con la entrada del actual Gobierno en Telefónica se han ido tambaleando las líneas de producción de Movistar Plus. En el último año, ha habido un parón evidente en la producción. Incluso en partidas presupuestarias más simbólicas. Así se ha cerrado su Proyecto Corto, activo desde el Canal Plus de 1997. Se finiquita, paradójicamente, en el momento en el que más cortos vemos en tiempos de consumos abreviados.Mientras la actual televisión pública no afronta un proyecto estable de ficción moderna y se queda en anecdóticas historias superficiales, priorizando los programas de opinión que son más baratos y más sencillos de colocar en una programación, Movistar Plus ha sido la alternativa como factoría de historias españolas que van más allá y retratan cómo somos. Su inversión favorece una mayor pluralidad de ficción y debería ser un lugar de impulso para los creadores que se salen de la idea más comercial de la escuela Netflix. Al final, su valor es ser una compañía de aquí que entiende nuestra idiosincrasia en un audiovisual cada vez más globalizado. Porque lo que nos hace únicos es aquello que nos permite ser más competitivos en el mundo. Y así, Movistar Plus, ha sido referencia con Querer, La mesías, Poquita Fé, El Otro lado, Antidisturbios, Vida Perfecta, El día de mañana, Celeste… O Capítulo 0, que jamás existiría en otra plataforma. También ha sido casa de documentales sobre relevancias patrias y un oasis donde han cuajado brillantes apuestas de entretenimiento que abrieron caminos en el audiovisual en España: como Late Motiv, La Resistencia o el veterano de Canal Plus Ilustres Ignorantes, que pervive. El ecosistema de contenido de Movistar Plus en sus años dorados, con Ignacio Corral en ficción y Fernando Jerez en entretenimiento, logró levantar la mirada a esos ciudadanos que se sentían huérfanos de televisión entretenidamente profunda. Había cierto riesgo. Había cierta creatividad plural. Había un proyecto que confiaba en la inteligencia del espectador autóctono. Lo que ha faltado es llegar mejor a las nuevas generaciones. Cuesta, sienten que sus contenidos ya están en el bolsillo, recortaditos y gratis. "Las ficciones viajan, los predicadores nos confinan".En estos tiempos de tales sobreimpactos audiovisuales de usar y tirar, una apuesta como la de Movistar Plus requiere una planificación calmada en el largo recorrido. Es la única manera de asentarse en la rutina colectiva. Es más, demanda alianzas. En este sentido, Movistar Plus y RTVE deberían sumar constantes acuerdos de colaboración. Porque las series propulsan la influencia de un país en el mundo. Son exportables, no como los programas de debate que caducan al instante. Que nadie volverá a ver mañana. Las ficciones viajan frente a los contenidos basados en predicaciones más inmediatas, que nos nos confinan.Ante la inquietud de los profesionales del sector, después de un año de vacío de decisiones y muchas bajas profesionales en la compañía, Movistar Plus ha intentado frenar rumores anunciando un incremento de la inversión durante los próximos años. El objetivo es llegar a 26 series españolas al año, más de dos estrenos al mes. La plataforma pretende doblar de forma anual la propuesta. Llegará a esta meta con modelos de coproducción o licencias, que hasta ahora habían sido muy minoritarias. Falta ver qué será de sus otras producciones propias, como la emisión de galas de premios o su área de documentales. Enredados en esa tertulia eterna que nos persigue en nuestro propio móvil e influídos por la simplificación de las redes, que se ha contagiado a una devaluación del enfoque de los contenidos televisivos, no somos conscientes de todo lo que nos perdemos si nuestras empresas no saben entender el valor de la producción creativa autóctona. Incluso creemos que ya estamos salvados con acuerdos con plataformas norteamericanas. Lo que nos arrastra a una perversa globalización que nos impide proteger nuestras identidades y particularidades desde el entretenimiento que tanto acompaña. Y, a la vez, tanto nos despierta. Porque las buenas historias emprenden vías para el pensamiento crítico. Hoy reina la sensación de que tenemos mucho que ver con solo pasar el dedo por la pantalla. Pero… ¿dónde nos descubrimos a nosotros mismos? Dónde nos encontramos con nuestra sociología a través de directores, guionistas e interpretaciones con la capacidad de pasar de la risa al susto, del thriller al enamoramiento. Porque necesitamos series españolas que estén en nuestro humor que nos pone al salvo, en nuestro drama del que nadie está a salvo. Necesitamos instituciones que se comprometan con la cultura que nos permite coger carrerilla contando nuestra propia historia.