El aumento vertiginoso de los precios de la energía, el incremento de los aranceles estadounidenses y el gasto desmesurado en inteligencia artificial están reavivando los temores inflacionistas de los inversores. Una semana que comenzó con una escalada de violencia en Oriente Medio culminó con el precio del petróleo superando los US$100 por barril, lo que elevará los costos en las cadenas de suministro globales. Paralelamente, el presidente Donald Trump renovó su impulso a favor de los aranceles comerciales y se observaron nuevas evidencias de un auge desenfrenado de la inversión tecnológica.

Esta triple confluencia de fenómenos que potencialmente inflacionan los precios y que afectan a la economía global simultáneamente llega en un momento delicado. Justo cuando los bancos centrales empezaban a vislumbrar cierto alivio en las perspectivas de inflación, la situación ha vuelto a empeorar. Ante las decisiones que se avecinan esta semana, desde la Reserva Federal hasta el Banco de Inglaterra, los funcionarios deberán tomar decisiones rápidas sobre los nuevos peligros.

Actualmente no se prevén cambios inmediatos en las tasas de interés, pero la inquietud inflacionista del verano parece que persistirá en los mercados financieros. El aumento vertiginoso de los rendimientos de los bonos globales es solo un síntoma de la alarma entre los inversores ante el riesgo de que los precios al consumidor se descontrolen. En los mercados de renta variable, el S&P 500 se encamina a su segunda semana consecutiva de descenso. ”Los acontecimientos recientes nos recuerdan que la geopolítica determina la economía, y no al revés”, afirmó Katharine Neiss, economista jefe para Europa de PGIM.